¿Qué significa premiar un arte que jamás se ha dejado encerrar en una vitrina? La XXIV Bienal de Flamenco de Sevilla ensaya una respuesta al rescatar los Premios Giraldillo, y lo hace con una nómina que mira, al mismo tiempo, hacia la raíz y hacia el horizonte.
Hay distinciones que valen por el metal y otras que valen por la memoria. Los Giraldillos pertenecen a esa segunda estirpe. Después de dos ediciones reducidos a un único reconocimiento honorífico, regresan con todas sus categorías para señalar lo que de verdad latió en los escenarios sevillanos entre el 9 de septiembre y el 3 de octubre. El fallo, conocido este 14 de octubre, dibuja un mapa del flamenco presente trazado como en un grabado: blanco sobre negro, contraste puro, ninguna concesión al adorno.
Quien recorrió Sevilla durante aquellas semanas —del Real Alcázar al Muelle de la Sal— sabe que la Bienal es también una manera de habitar la ciudad, uno de esos secretos del turismo en Andalucía que nadie espera hasta que los vive.
Sandra Carrasco: la tradición como materia viva
El Giraldillo al Cante es para Sandra Carrasco. El jurado ha subrayado su capacidad para reinventar el legado sin traicionarlo, de modo que el cante deje de ser pieza de museo y se convierta en herencia que respira. A ese argumento añade su aportación creadora, tanto en lo musical como en lo escénico. Lorca escribió que el duende no se repite; quizá por eso los cantaores que importan son los que recrean en lugar de copiar.
Dos guitarras, un mismo viaje
El Giraldillo al Toque se comparte. José Fermín Fernández y Alejandro Hurtado lo reciben ex aequo por haber trazado un recorrido por la guitarra flamenca de concierto que parte de sus cimientos y desemboca en la estética de nuestros días. Quien desee seguir el rastro de esas cuerdas más allá de Sevilla encontrará otra pista en el flamenco que hace temblar a Lorca.
La Música Instrumental, por su parte, distingue a Canito y Raúl Rodríguez, cuya mirada amplia sobre los instrumentos abre al flamenco nuevas posibilidades de diálogo artístico.
Olga Pericet y la elocuencia de lo esencial
En el Baile, el premio recae en Olga Pericet. Su recital, íntimo y depurado, ha convencido al jurado por la madurez desde la que fue concebido, por su exactitud y por una riqueza rítmica y expresiva que no necesita estridencias. Hay bailes que llenan el escenario; el suyo parece vaciarlo para que solo quede lo imprescindible.
‘Babel. Torre viva’, la torre que nos mira
El Giraldillo al Mejor Espectáculo corona ‘Babel. Torre viva’, de David Coria. El jurado ha valorado la solidez de su relato y una coreografía que no se conforma con ser contemplada: interroga a quien la observa. Babel fue, en el mito, la torre de la confusión; aquí se levanta como un lugar de encuentro.
«El flamenco no se hereda intacto: se recrea en cada voz que se atreve a habitarlo».
Revelación, magia y maestría
Lucía La Bronce, una promesa con nombre propio
El Giraldillo Revelación distingue a Lucía La Bronce por su calidad, su versatilidad como intérprete y una evolución personal que permite intuir creaciones futuras.
Una seguiriya a tres voces
El Momento Mágico pertenece a Esperanza Fernández, José Valencia y Duquende, que firmaron una seguiriya monumental a tres voces en ‘A Canela y Clavo’, espectáculo que conmemoraba los 600 años de la llegada del pueblo gitano a la península ibérica.
Los Giraldillos del Jurado
Carmen Linares recibe el del Cante por su magisterio, su trayectoria y su condición de puente entre el cante de siempre y las nuevas generaciones. Isabel Bayón obtiene el del Baile por su singularidad, su dominio del lenguaje flamenco en conversación con el cante y la custodia de la escuela sevillana. Cañizares se lleva el de la Guitarra por tender puentes entre la sonanta flamenca y el universo sinfónico.
Cuatro décadas y media de historia
Los Giraldillos nacieron con la propia Bienal en 1980, cuando se concedió uno solo, el del Cante, a Calixto Sánchez. Durante los ochenta y los noventa funcionaron sobre todo como concurso, alternando convocatorias de cante, baile y toque. Con el nuevo milenio, la competición cedió paso a distinciones ligadas a la programación, hasta 2018.
El director de la Bienal, Luis Ybarra, ha explicado que tras dos ediciones de un único Giraldillo de honor tocaba devolver a la cita uno de sus galardones más influyentes, origen de carreras y de encendidos debates desde los años ochenta. La delegada de Turismo y Cultura del Ayuntamiento, Angie Moreno, habla de una deuda saldada con los artistas y de una Sevilla que vuelve a ejercer de gran altavoz del flamenco.
El fallo ha correspondido a once especialistas de distintos ámbitos: José Manuel Gamboa, Eusebia López, Juan Garrido, Marta Carrasco, Rocío Coral, Cristina Cruces, Fran Pérez, Francisco Bernier, Manuel Macías, Paco Escobar y Francisco Cuadrado. La entrega se celebrará en 2027.
Lo que queda cuando se apagan las luces
Un premio no explica el arte; apenas lo subraya. Pero en un género que vive del instante, señalar un momento es una forma de salvarlo del olvido. Los Giraldillos vuelven para recordar algo sencillo y radical: que el flamenco sigue escribiéndose en tiempo presente.
