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arte Iskonawa Sin título, 2026. Tintes naturales sobre algodón, 142 x 139 cm
arte Iskonawa Sin título, 2026. Tintes naturales sobre algodón, 142 x 139 cm
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Descubre el fascinante arte Iskonawa de Luz Maritha

  • CRISIS estrena en Lima la primera muestra de la pintora Iskonawa Luz Maritha Rodríguez

¿Qué queda de un pueblo cuando su lengua está a punto de apagarse y, sin embargo, su memoria decide regresar convertida en color? Esa pregunta recorre "Como un río que brilla", la muestra que la galería CRISIS inaugura en su espacio de Lima como primer proyecto individual de la pintora Iskonawa Luz Maritha Rodríguez, bajo la curaduría de Giuliana Vidarte. El arte Iskonawa que aquí se despliega no es solo pintura: es un acto de recuperación cultural que reconecta a la artista con los saberes ancestrales de su pueblo, en riesgo de extinción, a través del bosque amazónico, los tintes naturales y los diseños tradicionales que definieron durante generaciones la identidad de los suyos.

Una genealogía que se pinta con la memoria

El proyecto nace de un regreso íntimo: el reencuentro de Luz Maritha con los relatos que le transmitieron sus abuelos y su padre, Elías Rodríguez, junto a los conocimientos heredados de su madre, Dalia Guimaraes. De ese doble legado —el de la palabra oral y el del hacer manual— surge un cuerpo de obra realizado entre 2025 y 2026 en el que cada trazo funciona como un acto de escucha hacia quienes vinieron antes.

Elías y Dalia, los hilos de un mismo tejido

No hay en esta muestra una voluntad puramente estética. Cada pincelada de Luz Maritha dialoga con una voz concreta: la de su padre, guardián de historias del territorio, y la de su madre, transmisora de un conocimiento práctico sobre plantas, tintes y formas. Ambos legados se funden en el lienzo hasta volverse indistinguibles, como ocurre con los ríos que dan nombre a la exposición cuando confluyen antes de desembocar en un cauce común.

El bosque convertido en materia y en memoria

Las plantas, los ríos, los barros y los animales del entorno amazónico no son aquí motivos decorativos, sino la materia prima literal de la obra. Luz Maritha recolecta con cuidado los elementos naturales de su territorio para elaborar los tintes con los que pinta, de modo que cada obra conserva, de manera casi física, un fragmento del bosque del que procede. Así, colores, formas y diseños que tienen su origen en las tierras de su pueblo regresan al soporte pictórico como quien devuelve una ofrenda al lugar que la originó.

Geometría ancestral en diálogo con lo nuevo

En los cuadros conviven los patrones geométricos heredados de la tradición Iskonawa con formas inéditas inspiradas en las estructuras del bosque: las hojas, las cortezas, los desplazamientos de los animales. Una pieza sin título de 2026, realizada con tintes naturales sobre algodón y de 136,5 por 125 centímetros, resume bien esa tensión fértil entre lo heredado y lo que la propia artista se atreve a imaginar. El resultado son diseños que trazan, sin nostalgia impostada, un camino de vuelta hacia un territorio que permanece presente gracias a la memoria.

Conviene recordar el contexto en el que se inscribe este gesto: los Iskonawa son uno de los pueblos indígenas amazónicos con menor número de hablantes de su lengua originaria, y buena parte de su patrimonio inmaterial —relatos, cantos, técnicas de tinte— sobrevive gracias a la memoria oral de unos pocos mayores. Que una artista de esa comunidad decida traducir ese acervo al lenguaje pictórico, y que una galería como CRISIS le dedique su primera muestra individual, sitúa el proyecto en una conversación mucho más amplia sobre arte indígena contemporáneo, curaduría descolonial y los modos en que el circuito artístico latinoamericano viene incorporando, cada vez con mayor solvencia, prácticas que durante décadas quedaron al margen de los espacios expositivos convencionales.

Pintar como forma de resistencia

Lejos de reducirse a un ejercicio individual, la práctica pictórica de Luz Maritha se plantea como continuidad y como resistencia. Crear implica, en su caso, volver sobre los conocimientos heredados, compartirlos en el seno de la familia y abrir nuevas posibilidades para que esos saberes no se extingan, sino que se transmitan a las generaciones que llegan. En un contexto en el que numerosos pueblos amazónicos ven amenazada su continuidad cultural, gestos como este adquieren una dimensión que trasciende lo puramente artístico.

Cada diseño de la muestra reúne, de hecho, distintas temporalidades: la memoria de los antepasados, la experiencia del presente que vive la propia artista y las formas que, a partir de ahora, seguirán siendo transmitidas a quienes vengan después. "Como un río que brilla" no es, así, solo el título de una exposición, sino una imagen exacta de lo que ocurre en cada lienzo: un cauce de memoria que, en lugar de secarse, encuentra en la pintura un nuevo lecho por el que seguir corriendo.