Impactante travesía sensorial: Sofía Salazar Rosales transforma el C3A
La artista Sofía Salazar Rosales irrumpe con fuerza en el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A), dependiente de la Consejería de Cultura y Deporte de la Junta de Andalucía, con “Travesías de una lágrima”, su primera exposición individual en una institución pública española. Esta propuesta no solo marca un hito en su carrera, sino que redefine el modo en que los visitantes experimentan el arte contemporáneo, desde la materialidad de la memoria hasta las huellas que deja el cuerpo en el espacio.
Un recorrido inmersivo entre cuerpo, estructuras y memoria
Desde el primer momento, “Travesías de una lágrima” se despliega como un itinerario que desafía la noción tradicional de exposición. Más que una simple sucesión de obras, la muestra se convierte en una experiencia de desplazamiento sensible, en la que la percepción del entorno cambia a medida que el visitante avanza. Las doce piezas, la mayoría creadas especialmente para este evento durante la residencia de Salazar Rosales en el C3A, invitan a la observación atenta, al descubrimiento de detalles y a la reflexión sobre la memoria migrante y las arquitecturas afectivas.
Obras que dialogan con el espacio y la historia
La exposición se abre con “Gesto: dibujos sobre el miedo, sensualidad y muros” (2026), un sendero de rejas de cartón que delimita el primer desplazamiento del visitante. Estos elementos, que tradicionalmente organizan el espacio y filtran luz y miradas, funcionan aquí como metáforas de fronteras, movilidad y permeabilidad. Salazar Rosales reinterpreta estos símbolos al invitar a mirar el espacio sin acceder nunca a una visión total, planteando preguntas sobre los límites y las posibilidades del cuerpo en movimiento.
Otra pieza central es “Ellas piden quedarse” (2026), compuesta por cinco esculturas suspendidas en redes tejidas mediante técnicas artesanales y rituales. Este conjunto establece un diálogo entre lo manual y lo industrial, evocando la memoria de territorios marcados por la explotación de recursos y los desplazamientos de personas y mercancías, como ocurre en las zonas afectadas por la industria bananera. Aquí, la artista pone en evidencia las tensiones y conexiones que subyacen en las estructuras sociales y económicas.
El arraigo y la transformación del espacio
El tema del arraigo tras el desplazamiento cobra fuerza en obras como “Cuando el esqueleto axial decide hablar (ofrenda)” (2026) y “Ellas buscan enraizarse” (2022-2025). Esta última destaca por su columna de piezas de asfalto moldeado con forma de neumáticos, evocando carreteras que se funden por el constante tránsito. De la columna surgen varillas recubiertas de silicona, recordando las construcciones inacabadas típicas en el sur de Europa y Latinoamérica, donde la esperanza de un futuro mejor permanece latente en cada estructura.
“Somos contextuales y sentimentales & Cuando el esqueleto axial decide hablar” (2026) sintetiza la tensión entre modernidad y exportación. A través de una viga IPN cubierta de vidrios rotos, la artista señala la fragilidad de los símbolos estructurales modernos. Una escena donde una viga aplasta un costal mientras otro lo sostiene, sirve como alegoría de las dinámicas de producción, sostenibilidad y colapso en nuestros sistemas materiales.
Arquitectura en proceso y el abrazo de la ciudad
El recorrido prosigue con una estructura de andamios que simula una arquitectura en permanente cambio, situando al visitante en un punto donde el desplazamiento y la observación no tienen límites fijos. Esta pieza invita a habitar el espacio de manera activa, abriendo nuevas rutas de interpretación y sentido.
La experiencia culmina con “¿Qué esconde la ciudad en un abrazo?” (2023), donde dos piezas industriales se entrelazan y sostienen, generando una forma que remite a una lágrima. El contraste entre la dureza de los materiales y la emotividad de la forma crea un cierre poético y reflexivo para la travesía.
Sofía Salazar Rosales: arte, migración y nuevos territorios
Nacida en Quito en 1999, Sofía Salazar Rosales se ha consolidado como una voz emergente en el cruce entre escultura, instalación y arquitectura. Su trabajo explora los procesos de tránsito, desplazamiento y construcción de memoria vinculados al espacio, usando materiales del entorno urbano para transformar la experiencia corporal del espectador y su relación con el entorno expositivo.



