¿Qué ocurre cuando se junta a 24 compositoras y productoras en una misma sala, se les da tiempo, estudios y una artista dispuesta a crear de igual a igual? La respuesta tiene forma de cifras: tres días, 21 canciones y un Amazon Music Original. Eso es lo que ha dejado la segunda edición de "We Make Noise Sessions", el campamento de creación y colaboración para mujeres y personas de género diverso de la industria musical que se celebró del 15 al 17 de septiembre en The Music Station, en una línea de colaboración femenina que Mujer y Poder ya celebró al hablar de la complicidad entre Naike Ponce y Estrella Morente.
Durante esas jornadas, las participantes se organizaron en pequeños grupos que mezclaban perfiles, experiencias y propuestas musicales muy distintas, para escribir y producir canciones nuevas junto a Valeria Castro, artista invitada que se implicó de lleno en cada fase del proceso creativo.
"Un regalo": Valeria Castro como artista invitada
"Trabajar con Valeria ha sido un regalo. Estuvo implicada desde el primer momento, con una generosidad, una cercanía y un compromiso que no se ven siempre. Tenerla como artista principal fue clave para el éxito de esta edición. Aportó su talento y su sensibilidad, pero también su manera de estar: escuchó, compartió y creó de igual a igual con las participantes. Marcó el tono de todo el camp", explica Ángela Cortés, directora de Partnerships Internacionales en We Make Noise.
Esa frase, "de igual a igual", resume bien el espíritu de unas jornadas pensadas para desmontar jerarquías: aquí no hay una estrella y un coro de acompañantes, sino un grupo de mujeres construyendo música desde la misma altura, algo que ya vimos con otro acento en Violeta y el arte de convertir una herida en canción, cuando hablábamos de cómo el dolor propio puede volverse un lenguaje compartido.
21 canciones y una nueva etapa por escribir
El resultado de esos tres días de trabajo fueron 21 canciones, además de un Amazon Music Original que supone uno de los primeros frutos tangibles de esta edición. Ahora comienza una nueva fase, la de escuchar y seleccionar el material creado, para decidir qué recorrido tendrá cada tema.
Para We Make Noise, uno de los principales objetivos de las Sessions es precisamente generar las condiciones necesarias para que surjan nuevas colaboraciones y vínculos profesionales entre mujeres de la industria, algo que no siempre encuentra el espacio ni el tiempo que merece dentro del negocio musical.
El valor de cuidar el espacio
"Cuando se cuida el espacio, el talento aparece. Las condiciones importan: los grupos, los estudios, el acompañamiento y una artista implicada de verdad", señala Cortés. El proceso, explica, fue intenso, pero también profundamente colaborativo: cada participante disfrutó de libertad creativa y de un respeto genuino por las ideas de las demás.
"Nos llevamos también la certeza de que hay una demanda real de espacios así y de que las participantes lo necesitaban tanto como nosotras", añade la directora. El resultado de esta segunda edición confirma algo que no siempre resulta evidente en una industria acostumbrada a los plazos ajustados: que se pueden crear obras honestas y de calidad en poco tiempo, cuando el entorno es el adecuado.
Del estudio al escenario: el open mic de cierre
La programación culminó el 17 de septiembre con un open mic en el que las participantes presentaron sus propios proyectos musicales ante profesionales, medios de comunicación e invitados. El encuentro trasladó al escenario parte del espíritu colaborativo vivido durante las Sessions, y puso el foco también en las carreras y propuestas individuales de cada una de las mujeres que formaron parte de esta edición.
Una red que sigue creciendo
Con esta segunda edición, "We Make Noise Sessions" continúa consolidando un espacio centrado en la creación, la colaboración y la generación de redes profesionales entre mujeres de la industria musical. De cara al futuro, la organización plantea seguir desarrollando este formato de campamento íntimo y colaborativo, y ampliar progresivamente la participación de artistas, partners y profesionales del sector.
Quizá lo más interesante de estas jornadas no sean las cifras, por elocuentes que resulten, sino la idea que las sostiene: que la música, cuando se hace en compañía y sin miedo a mostrarse vulnerable, cambia de naturaleza. Veinticuatro voces distintas, una misma sala, y la certeza de que el ruido, cuando se hace juntas, también puede sonar a comienzo.
