Hay obras que no se clausuran cuando su autora se marcha. Permanecen en suspenso, como una frase que aguarda a ser pronunciada de nuevo. Eso sucede con Emily, etc., la performance de Camila Cañeque que los Teatros del Canal vuelven a poner en pie el próximo 17 de octubre. Tras la muerte de la artista, la pieza no regresa como homenaje solemne ni como reconstrucción de vitrina, sino como una nueva activación nacida del cuidado, del respeto y de una escucha atenta de su universo creativo. Un gesto que conecta con otras miradas de mujeres que dialogan a través del arte y que, cada una a su manera, ensanchan el relato común.
La cita será en la Sala de Cristal, un espacio cuyo nombre parece elegido a conciencia: transparencia, fragilidad, reflejo. Allí se ofrecerá una representación fiel a la concepción original de la obra, tal como Cañeque la imaginó, para que sus imágenes, sus ideas y sus interrogantes sigan vibrando en el aire.
Un coro de mujeres en un solo cuerpo
Sobre el escenario, Emily Dickinson, las Brontë, Emily Davison y Emilia Pardo Bazán, entre otras, no comparecen como personajes de época ni como citas eruditas. Son astillas de una misma figura. Ecos, vestigios, espectros, voces que se entrecruzan hasta componer un yo plural, a la vez comprimido y desbordado.
La operación tiene algo de palimpsesto. Bajo cada gesto asoma otro nombre; tras cada nombre, una biografía que se niega a quedar encerrada en su siglo. Virginia Woolf reclamó una habitación propia para las escritoras; Cañeque parece contestar con una habitación compartida, habitada por muchas a la vez. Asistir a Emily, etc. es acudir a una convocatoria de fantasmas que no asustan: acompañan.
Dan cuerpo a esta polifonía Nat Ribalaygua, Ascen Soto, Nayarit Fuentes y Velutto, encargadas de sostener en el presente una obra que exige presencia y, sobre todo, atención. Quien siga de cerca cómo la performance contemporánea conquista muros y espacios propios sabrá valorar la delicadeza de este empeño.
«Nombres que ya no son citas, sino voces que respiran juntas».
La quietud como forma de resistencia
El cansancio de nuestro tiempo
La pieza se enlaza con algunas de las líneas de investigación que vertebraron la práctica de Camila Cañeque. Su trabajo, desplegado en performances, instalaciones, objetos y textos, se detuvo a examinar la fatiga que impregna los paisajes contemporáneos.
Elogio de la inactividad
Combinando un uso figurativo del vocabulario propio de la sociedad de consumo con composiciones de corte más abstracto, la artista reivindicó la inactividad como el reverso, la cara B, de una época acelerada e hiperconectada. El silencio, la quietud y los lugares deshabitados se transforman en sus obras en miradores desde los que contemplar un agotamiento de muchas caras: histórico, físico, político y medioambiental.
Hay en esa apuesta una paradoja luminosa. Mientras todo empuja a producir, a exhibirse, a no detenerse jamás, Cañeque propuso lo contrario: pararse. Como el Bartleby de Melville, su obra prefería no seguir el compás impuesto. Y en esa negativa cabía una forma radical de lucidez.
Una trayectoria entre continentes
El recorrido de la creadora la llevó por escenarios nacionales e internacionales de primer orden. Su trabajo pudo verse en la Galería Vermelho de São Paulo; en Microscope Gallery, The Kitchen, Glasshouse Project y el Queens Museum of Art de Nueva York; en el Kulturhuset Museum de Estocolmo; en CaixaForum, La Virreina y la galería Joan Prats de Barcelona, y en la Lucía Mendoza Gallery y el Museo Lázaro Galdiano de Madrid, entre otros espacios.
La palabra como otro escenario
Su pensamiento halló también cauce en la escritura. En 2024 vio la luz su ensayo La última frase, y en abril de 2026 llegó a las librerías Anuncios. Ambos títulos llevan el sello de La uÑa RoTa, una editorial que ha sabido acoger la singularidad de su voz.
Después del silencio, la conversación
La velada no concluirá con el último gesto de las intérpretes. Al término de la función, Juan Gómez Alemán, director artístico de La Juan Gallery, y Carles Guerra, director artístico de la Fundación Camila Cañeque, conversarán sobre la pieza y sobre el sentido de reinterpretarla hoy.
Será el momento de abrir una pregunta que atraviesa toda la propuesta: ¿qué significa heredar una obra? Quizá no consista en conservarla intacta bajo una campana de vidrio, sino en dejar que otros cuerpos la respiren sin traicionar su pulso. Las intérpretes no imitan a Cañeque; la escuchan. Y en esa escucha, la obra sigue siendo suya.
Blanco sobre negro: así se escribe lo que importa, con un trazo claro sobre fondo oscuro. Emily, etc. funciona de ese modo. La ausencia de su autora no la borra, la vuelve más legible. Lo que Camila Cañeque confió al silencio volverá a pronunciarse el 17 de octubre en Madrid. Bastará con sentarse, quedarse quieto y escuchar.
