La creadora Laura Morales explora la trashumancia y el arraigo rural en su nueva y sorprendente propuesta escénica.
Laura Morales sacude la escena con “Ser pastora”
Descarada, imprevisible y con un dominio absoluto de su cuerpo como instrumento expresivo, Laura Morales irrumpe en la actualidad escénica con “Ser pastora”, una creación tan personal como fascinante. Actualmente en residencia en el Centro Coreográfico de La Gomera, la bailarina y coreógrafa invita al público a sumergirse en su proceso creativo el viernes 30 de enero, antes del esperado estreno absoluto en el Teatro Central de Sevilla los días 8 y 9 de mayo.
Previo a su presentación final, Morales mostrará la pieza como Work in Progress el 12 de febrero en La Térmica de Málaga y el 25 de marzo en el Ciclo Danzaenbreve del Teatro Leal de La Laguna, en Tenerife. “Ser pastora” es una invitación a explorar los límites entre lo rural y lo artístico, una travesía física y emocional que nace de la experiencia de la artista en la Escuela de Pastores de Campo Adentro y su estancia en Brieva de Cameros, en la comarca riojana de Las 7 Villas.
Un viaje de autodescubrimiento y transformación
Morales relata el inicio de este proyecto durante el confinamiento, un periodo que desnudó la fragilidad del dominio urbano sobre lo rural. Movida por la necesidad de “ser campo”, la artista se convirtió en pastora por unas semanas, experiencia que pronto se transformó en un nuevo proceso de creación. Así nace “Ser pastora”, donde la protagonista, tras una ruptura amorosa, decide hacerse con un rebaño y emprender un viaje de autoafirmación y descubrimiento.

Trashumancia, territorio y memoria
La pieza se vertebra como el viaje íntimo de una mujer que nunca ha experimentado el desamor, hasta que decide romper con su rutina y buscar consuelo en la trashumancia. Las montañas, el agua fría y el alimento con sus propias manos marcan una transformación física y espiritual. Morales intercala el pastoreo con la construcción de una genealogía afectiva, dejando atrás el conteo de ovejas para enumerar corazones rotos en noches de insomnio. Amar y moverse, en su propuesta, son dos formas similares de avanzar y cuidar.
Entre la danza y el campo
Morales traslada la trashumancia al escenario y a la ciudad, preguntándose si el movimiento de los rebaños puede inspirar la transformación de los paisajes urbanos y artísticos. El pastoreo se convierte en metáfora de la propia práctica escénica, un modo radical de atención y desplazamiento. La creadora asocia la figura de la pastora con la de la coreógrafa, dos oficios que comparten cuidado, observación y resistencia. La brecha de género en el mundo rural y el silenciamiento del trabajo femenino son otros de los ejes que atraviesan la obra.
Un elenco y equipo creativo de primer nivel
La obra está firmada por Laura Morales en la idea, dirección, coreografía e interpretación, acompañada en la dirección por Alessandra García. La dramaturgia corre a cargo de Morales y Julio León (La Ejecutora). Isabel Do Diego crea el universo sonoro y el espacio escénico lo diseñan Julia Rodríguez y Fran Pérez (La Ejecutora). Completan el equipo Benito Jiménez en iluminación, Gloria Trenado (Nantú) en vestuario, Dani Galán (Carne al Corte) en fotografía y vídeo, Verónica Morales en producción y Sarah Kaceres en peluquería. La pieza cuenta con el respaldo de El Corralito Centre de Creació Artística, TNT, el Centro Coreográfico La Gomera, Magalia Castillo Palacio, INAEM y la Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.
Trayectoria y reconocimientos de Laura Morales
Laura Morales, formada en Danza Contemporánea en el Conservatorio Antonio Ruiz de Soler de Sevilla, arrancó su carrera en 2013 con el colectivo Hermanas Gestring. Ha sido reconocida con el Premio a una bailarina sobresaliente en el American Dance Festival, Mejor intérprete femenina en los Premios Lorca de Andalucía, y ha recibido galardones por sus piezas “A Full Life of Rivers and Icy Mountains”, “Un dúo” y “El último acto de fe”. En 2025, fue nominada a Mejor Bailarina en los XXVII Premis de la Crítica d’Arts Escèniques por “Supermedium”, consolidando su estatus como figura referente en la escena contemporánea.



