Pocas veces, muy pocas veces, uno logra sorprenderse en su trabajo. Peinar canas significa haber disfrutado ya de muchos y grandes espectáculos. Con nombres con mayúsculas, como Raphael o Rocío Jurado, uno se vuelve más impermeable a lo que llega y exige mucho más a todos.
Aun así, como de costumbre, ayer, 24 de enero de 2026, decidí pasar un buen rato en el Gran Teatro de Córdoba. Un teatro agradecido con las buenas actuaciones, por sus dimensiones, que permite brillar a cualquier gran artista.
Sentado en una butaca perfecta, me dispuse a observar y escuchar lo que nos traía una gran luz de la copla: Laura Gallego, la Última Folclórica.
La copla española, amada por el mundo entero, es para una artista como el Himalaya: tan grande y llena de cumbres que solo las mejores pueden aspirar a coronarlas. Nombres de grandes escaladores y escaladoras como Isabel Pantoja, Rocío Dúrcal o, la cumbre para quien escribe, Rocío Jurado, han dejado el listón tan alto que nadie parece capaz de alcanzar la cima.
Pero anoche, nuestra protagonista, Laura Gallego —quizá Laurita, porque con menos de 35 años y asegurando que dejará los escenarios “allá cuando tenga 200 o 300 años”—, ha conseguido coronar todas las grandes cumbres de esta música tan nuestra.

Laura apareció en escena a lomos de una Harley Davidson y nos condujo por las letras de siempre, por nuestro ADN musical, dejando a la vez gotas de otros ritmos en cada interpretación. Su garganta, el mejor instrumento musical que uno pueda disfrutar, nos hizo recorrer la historia de nuestra música y de nuestras grandes intérpretes: Rocío Jurado, Isabel Pantoja, Marifé de Triana, Concha Piquer. También demostró cuán prodigiosa es girando por Rocío Dúrcal.
El espectáculo de “La Última Folclórica” no es solo recomendable: es imprescindible. Es una de esas experiencias que todos anotamos en la lista de cosas que hacer en la vida. Ver a Laura Gallego en directo debe ser una de ellas, y mil veces repetidas, como el público de Córdoba, que le pedía a la artista “La Loba”.
Si la voz de Laura es maravillosa, sublime, única, capaz de llenar la esencia del ADN —sobre todo andaluz—, la puesta en escena del espectáculo es igualmente magnífica. La banda que la acompaña está seleccionada con el esmero que solo una gran artista y su equipo pueden brindar: José Antonio Márquez al piano, a la dirección musical y como “aguaor”; el bajo de Juanma Ruiz; los vientos de Nacho Botonero y la batería de Manuel de la Torre. Juntos permiten que Laura, Laurita, Doña Laura Gallego, brille como mil soles sobre la galaxia de la copla.
En cuanto a su vestuario, ahora más costeado y con más brillos —como algunas asistentes la referenciaban, “la Pedroche”—, han quedado atrás esas incómodas batas de cola, muchas veces potros de tortura para la artista. Ahora, Laura se presenta con un juego de colores que va del blanco al negro y del azul al rosa, donde la cola sigue teniendo importancia, pero el resto del conjunto la hace mucho más etérea y, sin duda, encastrada en el siglo XXI.
Disfrutar de dos horas de concierto, que pasan como si fueran segundos, y ver cómo al final la artista demuestra su altísima calidad cantando a capela las canciones que el público le pide en ese momento, uniendo copla tras copla sin interrupciones, es disfrutar de un encuentro con lo bien hecho. Es también recordar, ya hace demasiados años, cuando con mi gran amigo, mi hermano mayor, mi maestro en lo cultural, José María Toro Sánchez —a quien los Premios a la Cultura de nuestro Pool de Medios siempre recuerdan; este año ya llegamos a la quinta edición—, escuchábamos a Rocío Jurado en algunas de sus interpretaciones en la Expo o en sus DVD y, como ayer, “se nos ponía la carne de gallina”.

No acabaría de hablar de cuánto disfrutó ayer la ciudad de Córdoba con esta jerezana que hoy manda en el mundo de la copla y en cualquier tipo de música que quiera interpretar. Porque hay que ver el ambiente que crea en el teatro, en cualquiera de sus conciertos, con ese cierre DJ que tiene montado. “Alucino pepinillos”, como diría el gran Chicote.
Laura, espero seguir oyéndote durante esos 200 años que te quedan de carrera, seguir amando la copla tanto en su versión más clásica como en estas nuevas fusiones con otros ritmos como el blues, el tango… pero siempre cantadas por ti.
Por cierto, yo soy del TEAM LAURA GALLEGO, forever.




