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Cristina Abella y La Cálida Representación del Ser

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Es curioso constatar, cada vez que me adentro en la obra de un artista para descubrir su “Yo” más interno, como cada persona tiene una esencia, una característica que la hace única diferenciándola de un conjunto social.

Eso mismo es lo que ese artista imprime en cada trabajo, en la mayoría de casos sin darse cuenta, como marca de identidad, cual certificado de autenticidad de cada pieza que compone.

Cristina Abella es claro ejemplo de ello.

La autora barcelonesa basa gran parte de su desarrollo artístico en el gusto por plasmar la femineidad en sus mil facetas y comportamientos sociales, aunque bien es cierto que la femineidad que representa es una femineidad que va con paso firme, que se posiciona con contundencia en el plano comunitario, tal vez me atreviera a decir que una visión de sí misma aplicada al contexto general.

Una mujer fuerte y decidida, dueña de su destino es la que nos presenta en primer plano, incluso evitando fondos que desvirtuasen o teledirigieran al contemplador a otro ámbito dentro del lienzo que no fuera la exaltación de esa figura de mujer vigorosa, vital y posicionada, claramente mostrada o presentada en las más diversas profesiones o actividades, muchas de ellas habitualmente trasladadas o dadas por sentado de carácter masculino.

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Con ello, Abella manifiestamente lucha por posicionar a la mujer donde le corresponde, elegantiza ese perseverar en pro de dignificar dicha figura y asume como suya esta loable batalla, tristemente por conquistar en algunos países.
Ese es el gran mérito en la obra de esta singular creadora, su más que reiterada apuesta por enaltecer y poner en su lugar la figura femenina, indudablemente junto a lo necesario en todo autor que se precie de poseer una marcada línea que lo posicione y defina.

Como remarque en la misma encontramos que en todas sus obras conjuga el gusto por unir al concepto la calidez e intensidad tonal como característica añadida que acompaña, provoca carácter y realza con acierto el sentido de cada personaje.

Una obra medida, acertada en concepto, y lo que es más importante, acertada en función social como base educacional.

Francisco Arroyo Ceballos
De la Asociación Internacional de Críticos de Arte AICA