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Olivia Caballero. La Contundente Sensualidad de la Libertad

Un sentimiento, unas palabras, una canción, una postura ante la vida, una imagen o incluso un movimiento espontáneo pueden ser ciertamente un gran escaparate de lo sensual.

A veces navego por pensamientos más contundentes de los que la normalidad es capaz de asumir. Hay veces en las que necesitamos escapar hacia esa libertad en la que somos ese “yo” que conforma parte de una irrealidad en la que nuestra llama interna se siente a gusto y de la que procuramos o deseamos no volver.

Olivia Caballero representa en su obra esa sensualidad, esa llama, ese desear, querer y casi conseguir escapar de esta diaria rutina que nos ahoga y acongoja en ciertos momentos de nuestra existencia.

Instantes necesarios, fuerza interna en la que la mujer es dueña de su placer y destino, de su alegría y vitalidad,…de su espontaneidad.

Desde que vi la obra de Olivia he de reconocer que la inspiración inundó mis pensamientos. Y quise más.

Aquel dicho de “Una imagen vale más que mil palabras” adquiere su máxima significación al contemplar una obra de esta autora. Parece como si viviéramos ese instante en el que cada lienzo ha sido creado, ese particular momento en el que todo es posible.

“Valentía” es una de las palabras que mejor definen su pintura. Vigor, garra y fortaleza.

Sin lugar a dudas es una metáfora de nosotros mismos, una revelación de lo más íntimo del ser, que de hecho se nos transmite como positivo, dándole carácter de normal por cuanto el deseo de libertad va estrechamente unido a nuestra propia existencia.

Atrevimiento, osadía y espontaneidad son sustantivos comunes en su trabajo, los cuales junto a un tratamiento de la tonalidad muy singular definen su obra.

Su mundo es femineidad, un universo repleto de sensaciones, de piezas contundentes a la vez que marcadamente atrayentes, un cosmos al que toda mujer es capaz de llegar, una clara reivindicación de que no todo está marcado por la norma y la regularización social sino que hay cabida a la improvisación y la locura, a esa dualidad que todo individuo posee.

Una vez soñé con ser artista, soñé con extrapolar mis deseos interiores al lienzo, con que el contemplador captase todo ello y lo hiciera suyo, y por unos instantes le persuadiera de la necesidad base de esa sensación de libertad.

Olivia Caballero nos regala mientras contemplamos su obra ese profundo deseo de ser ese yo mejorado y libre que todos deseamos ser, ese eterno menester de desaparecer por unos instantes y ser otro, ese otro sin cargas ni ataduras sociales, ese otro más independiente soberano de sí mismo y sobre todo… “vivo”.

 

 

Francis Arroyo Ceballos

De la Asociación Española e Internacional de Críticos de Arte AECA/AICA