Sienna se prepara para abrir una nueva etapa musical con un álbum que nace de uno de los momentos más convulsos de su vida. A través de doce canciones, el artista transforma la rabia, la frustración y la vulnerabilidad en un ejercicio de honestidad y resiliencia, con el que busca dar un paso adelante en su trayectoria y llegar a un público más amplio. En esta entrevista, el artista profundiza en el proceso personal que hay detrás del disco, el simbolismo del lince, las historias que esconden canciones como «Garra» y «Loco» y los retos que todavía tiene por delante en una carrera que siente que no ha hecho más que empezar.
P: ¿En qué momento profesional te encuentras actualmente, con el próximo lanzamiento de tu álbum?
R: Creo que estoy en un momento que puede suponer un punto de inflexión entre todo lo que he hecho hasta ahora y lo que está por venir. Llevo muchísimos años trabajando en mi música de forma independiente y autoproducida, picando piedra. Estoy aquí porque, al final, la gente me ha sostenido viniendo a las salas sin parar. He publicado mis discos, he participado en festivales y ciclos… Creo que he pasado por prácticamente todas las etapas de la industria musical.
Ahora se han juntado varios elementos: el sello, mi oficina y este disco, que tiene bastante profundidad porque nace de una situación personal muy convulsa y se ha traducido en doce canciones. Creo que puede ser el salto para construir un directo todavía mejor, con más medios, contundencia y solidez. También puede darme más visibilidad. Siento que me conoce mucha gente dentro de mi nicho, pero todavía me falta llegar al gran público, y creo que este puede ser el momento.
P: ¿Cuándo te diste cuenta de que la música te estaba ayudando a canalizar todo lo que estabas sintiendo?
R: Con este último disco no hubo un momento concreto en el que me diera cuenta. Simplemente, fue una vía de escape, un desahogo absoluto. Creo que ha sido un disco prácticamente obligado, porque necesitaba decir lo que tenía que decir, plasmarlo en un papel y dejarlo ahí. Al final, eso se convirtió en canciones, y tengo la suerte de poder hacer eso a través de un disco.
No fue algo premeditado, sino muy orgánico, espontáneo y natural. Necesitaba plasmar en papel toda esa rabia, frustración y resignación ante determinadas situaciones.
P: El lince es una figura importante dentro del concepto del álbum. ¿Por qué elegiste precisamente este animal?
R: El lince está muy vinculado con la intuición y la sabiduría interna. También con la resistencia y con la capacidad de revelar la verdad oculta de las cosas. Es un animal que puede ver en las noches más oscuras.
En aquel momento, yo solo quería ser capaz de ver a través de la oscuridad. Por eso, el lince me parecía una figura muy clara: representaba ese sigilo, esa intuición, ese foco y esa espera hasta que llega el momento adecuado. Ha sido un poco eso.
P: Has mencionado la resistencia como uno de los conceptos que atraviesan el disco. ¿Qué ha sido lo más difícil de afrontar durante ese proceso?
R: No es que me haya costado sacarlo a la luz, sino que no me ha quedado otra. Cuando sucede algo así, en mi caso, la enfermedad de mi madre, que fue una leucemia bastante agresiva, con todo el proceso que conllevó, no te queda otra que seguir adelante y poner el foco donde tienes que ponerlo.
Creo que verbalizar aquella situación me anclaba más en un punto y no me permitía avanzar. Yo simplemente quería avanzar. Después, imagino que llegará el golpe emocional, o espero que no llegue, pero en aquel momento necesitaba seguir, seguir y seguir, con ese punto de resiliencia.
P: En «Garra» hablas de una lucha constante, de no tener ganas de luchar, pero tener que hacerlo igualmente. ¿Qué querías transmitir con esta canción?
R: «Garra» habla de tener más garra para hablar, para caminar y para vivir. De ocupar tu espacio, darte valor y entender cuál es tu lugar en el mundo y cómo quieres habitarlo.
También habla de darte cuenta de qué patrones estás repitiendo en tu vida y qué creencias limitantes hacen que te quedes anclado en el mismo punto, sin avanzar. Y, por supuesto, de soltar a las personas que no te hacen bien. Cuando sucede algo así, cuando ves que personas a las que quieres muchísimo pueden desaparecer de un plumazo, relativizas todo y piensas que hay que vivir. Parece el típico tópico, pero es que es así.
P: En contraposición, «Loco» parece explorar una parte más emocional, vinculada al amor y a la posibilidad de perder el control. ¿Qué historia hay detrás de esta canción?
R: Si te cuento la historia real de «Loco», hay una frase que dice: «Llámame loco, pero quiero darte el mundo entero otra vez». Habla de ese momento, no sé si de lucidez o no, en el que has tenido una historia de amor muy bonita con alguien y, de repente, todo se acaba o se pierde.
Entonces aparecen pensamientos como el de querer volver, porque, de alguna manera, idealizas todo lo que ha pasado. Cuando recuerdas una relación, parece que solo te acuerdas de las cosas buenas. En este caso, habla de una persona muy importante para mí, que estuvo conmigo durante más de diez años. Todo esto también coincidió con la situación de mi madre. La canción recoge ese sentimiento y lo lleva al extremo. Hay otra frase que habla de haber subido montañas, incluso las más altas, y de esos momentos tan íntimos que has compartido con alguien. Al final, la canción habla de querer volver a ese punto en el que, si esa persona te dice que te quedes para siempre, te quedas. Me parece algo muy bonito. Pero también creo que hay que preguntarse si eso es realmente lo que quieres o si es fruto de una idealización absoluta.
P: Si tuvieras que elegir una canción de este álbum para presentarte ante alguien que todavía no conoce tu música, ¿cuál escogerías?
R: Creo que elegiría «Valor», que ya ha salido y con la que estoy muy conectado ahora mismo. También elegiría «Esto mata a cualquiera», que sale la semana que viene y es uno de los temas centrales del disco. Creo que recoge bastante bien el discurso del álbum.
P: ¿Qué tiene este álbum que lo diferencia de tus trabajos anteriores?
R: Creo que está hecho en unas circunstancias muy excepcionales, diferentes a las de mis otros discos. Hay una visceralidad y una sensación de haber llegado al límite. He trabajado en él en una situación de mucha fricción, y creo que eso es precisamente lo que lo diferencia del resto.
P: ¿Sientes que has encontrado ya un sonido propio o una forma de comunicar que te identifique como artista?
R: Siento que he encontrado una forma de comunicar característica, o al menos es algo que he intentado conseguir durante toda mi vida. No me considero ni más ni menos artista que antes, pero sí creo que tengo más sabiduría interna y que sé mejor qué hacer con los elementos que me acompañan. Tengo más identificados mis puntos débiles, mis demonios y también mis virtudes. No sé si diría que me he convertido en otra persona, pero sí que soy más consciente de la fragilidad del ser humano, y eso me parece bonito.
P: ¿Qué artistas te acompañan en tu día a día? ¿Qué sueles escuchar cuando abres Spotify?
R: En realidad, escucho música muy ecléctica. Me gustan muchísimo Men R Trash, que son bandas con un sonido muy británico. También me encanta Sam Fender; «People Watching» me parece increíble. Paolo Nutini también me gusta muchísimo.
Además, escucho artistas como Natalia Lacunza y propuestas emergentes como Shao y Cristina Len. También me gusta la música argentina, con grupos como El Zar e Isla de Caras. Escucho un poco de todo, pero me interesa cualquier artista que tenga algo que decir y me parezca interesante.
P: Vivimos en una industria que va muy deprisa, muy pendiente de las redes sociales y las reproducciones. En tu caso, el álbum tiene un concepto y una idea detrás. ¿Qué importancia tiene para ti construir ese universo en lugar de publicar música pensando únicamente en los números?
R: Por mi experiencia, creo que solo se puede componer desde la honestidad. Siento que cada disco que saco es una fotografía muy concreta de mi vida, y no sé hacerlo de otra manera. No sería feliz teniendo éxito con una canción que no hubiera querido hacer o publicar. Intento que todo esté alineado con lo que soy, con lo que proyecto, con lo que me define y con la imagen que los demás tienen de mí. Quiero que el éxito que pueda conseguir nazca de algo genuino, no de algo forzado.
P: ¿Cómo gestionas las expectativas que se generan alrededor de un nuevo álbum? ¿Te pones nervioso o tienes alguna manera de mantener los pies en el suelo?
R: Tengo los pies muy en el suelo y soy bastante consciente de dónde estoy, porque he pasado por muchas etapas dentro de la música. Pero, aunque tengo los pies en el suelo, la mirada la tengo muy en el cielo. Sé lo que quiero hacer en la música y hasta dónde creo que puedo llegar. Me apetece muchísimo seguir avanzando. Creo que tengo más problemas con mis propias expectativas que con las ajenas, aunque estas últimas también influyen. A veces no sabes si las expectativas son realmente tuyas o si vienen impuestas por la sociedad, que parece decirte que, a determinada edad o en determinado momento, tienes que haber conseguido ciertas cosas. Si no lo has hecho, sientes que te falta algo. Intento controlar ese ruido externo y no dejar que condicione demasiado mi camino.
P: Después de tantos años de trayectoria, ¿qué sientes que todavía te queda por hacer como artista?
R: Muchísimas cosas. Llevo muchos años trabajando, pero siento que esto es solo el principio. El próximo 8 de enero actuaré en La Riviera, una sala mítica de Madrid que me hace muchísima ilusión. Me parece increíble poder tocar allí.
Con mi anterior disco, «Trance», que publiqué de forma totalmente independiente, llegué a situarme entre los discos más vendidos de España, en el puesto número 24, algo que fue increíble. También conseguí reunir a unas mil personas en una sala de Madrid el año pasado. He tocado en muchísimas salas de España y en numerosos festivales. Además, he tenido la suerte de componer y trabajar en la producción del disco con Liam Garney, que era uno de mis productores favoritos. Hay cosas que ya he podido tachar de mi lista, pero creo que todavía me quedan muchísimas más por hacer.
P: Con el lanzamiento del álbum a la vuelta de la esquina, ¿qué proyectos tienes para los próximos meses? ¿Podremos verte de gira por salas?
R: Sí, tenemos un montón de fechas. Empiezo el 7 de noviembre en Toledo y creo que tenemos más de 25 conciertos. Paso por Sevilla el 20 de noviembre y por Córdoba el 21. También están previstas otras ciudades como Granada, Málaga, Almería, Valladolid, Barcelona y Valencia. Después llegarán los festivales y ya veremos si hay alguna sorpresa más. La idea es que el disco tenga continuidad y seguir desarrollando todo lo que viene con él. Estoy muy contento.
P: Sevilla parece una ciudad que te gusta especialmente. ¿Hay alguna fecha de la gira que te haga una ilusión particular?
R: Sevilla me gusta mucho y también soy muy de Málaga, aunque no sé si me vais a hacer elegir entre las dos. Tengo sangre andaluza: mi familia paterna es de Jaén, concretamente de Linares. He tocado muchísimo en Andalucía y me siento muy vinculado a esta tierra. Hay algo que me gusta especialmente de aquí. También encuentro similitudes con Valencia: esa forma de vivir en la calle, el sol y las ganas de disfrutar de la cultura. Andalucía tiene algo que me gusta mucho y que me hace sentir cómodo.
P: Para terminar, si tuvieras que resumir lo que representa este nuevo disco para ti, ¿con qué te quedarías?
R: Creo que representa una etapa muy concreta de mi vida, marcada por circunstancias excepcionales, por la resiliencia y por la necesidad de expresar cosas que llevaba dentro. Es un disco muy visceral, hecho desde la honestidad, y siento que todavía me queda muchísimo camino por recorrer.
