Tendría que ser patrimonio nacional: Musical de los 80 y 90

Algunas veces, no muchas quizás, uno tiene buenas ideas. O la situación te lleva a que todo se cuadre como corresponde.

Mil motivos, los que siempre tenemos los que estamos continuamente liados, no me permitieron disfrutar de El Gran Musical de los 80 y 90 en Córdoba, el pasado enero.

Musical, cosa que adoro, que sonaba bien y tenía buena pinta.

Pero, como os decía, las casualidades de la vida me hicieron descubrir que venía, a Córdoba de nuevo, bueno a Montilla, al coquetísimo Teatro Garnelo, el Musical de los 80 y 90.

Allí que saque mis entraditas, tres para ir fantásticamente acompaño de Inma y Carmen, y nos fuimos para la tierra del fino en Córdoba.

Y accedimos al lugar sagrado de la cultura, el teatro.

Hago esta introducción, larga -mas de 140 palabras-, para explicar que todo pasa por que tiene que suceder.

Desgraciadamente, no estaba a reventar, suele pasar mucho por estas tierras; sobre todo con una tarde lluviosa y diciendo las televisiones que casi nos íbamos a ahogar. Pero por lo menos casi tres cuartos de entrada, perfecto.

Lugar, de mis asientos, centrados en todos los niveles. Ancho y largo. También perfecto.

Y comenzó el musical, comenzó la magia, puedo prometer y prometo que volví a mis 18, 20, 25…. me llevaron a cuando nos volvíamos locos por tirarnos a la pista. Cuando no existían móviles, solo amigos, amigas y mucha música que disfrutar.

Este espectáculo nos la trajo toda. Mira que hacer un musical de esas dos décadas, comprimir en dos horas todo aquello, es difícil. Os aseguro que lo han conseguido. El trabajo de selección musical, fantástico. La historia motivadora de la selección, perfecta. Un chico, cumpliendo su ilusión de chaval, monta 25 años después de salir del instituto, su bar. Invita a todos sus colegas de entonces a su inauguración.

Y ahí entro con los intérpretes. G E N I A L E S. Maravillosos. Obviamente no esperen los que vayan a disfrutar de esta pequeña obra de arte tengan la edad que indican, pero os aseguro que lo van a disfrutar.

Ellas, Gabriela Mutti, como Lola; Mireia Coma (Tania) y Paula Cuesta (Sofía) están en sus papeles, estupendas. Desde la mujer seria y formal que representa Sofía a la simpática y más adaptada al tiempo (no para de hacerse selfies), Tania. También la figura de Lola es perfecta. No se si les darían o no un oscar o un Grammy. Sabéis lo que os digo me hicieron disfrutar y mucho. Magnificas voces para hacernos disfrutar. Estupenda interpretación para completar.

Ellos, lo siento, aún me gustaron más. No es que cantaran mejor, NO. No es que actuaran por encima, NO. Por fin gente normal, magnificas voces si -como ellas, pero gente normal en el escenario. Cuerpos como los que veremos este verano en la playa, no salen en bañador, sino que se nota como dicen los míos, estar rellenitos. Ole y Ole.

Voces e interpretaciones, muy muy valorables. Ellos seis, se lo guisan y se lo comen. Curran como nadie en el escenario y se puede asegurar que en breves, muy pocos, minutos consiguieron meterse a todos en el bolsillo.

El público, desde el minuto uno, coreaban, bailaban y aplaudían todos y cada uno de los temas que nos presentaron.

Un musical donde la historia y la música va en perfecta consonancia. “Todo muy bien hilado” me comentaron algunos de los asistentes.

El público estuvo más tiempo de pie, bailando, que en sus asientos.

Las manos hacían palmas continuas, siguiendo los sones de la música, o se elevaban al cielo del teatro en movimiento de vaivén.

 La música y el sonido, perfecto. Cuadrado. En su sitio. Jaime, el técnico responsable, ha conseguido que la escena y el público vibraran a uno.

Si hubo algún error, supieron taparlo bien. Ya que solo pudimos disfrutar y mucho.

Trabajos como este, producciones como esta, no debemos dejarlas pasar.

Gracias, por supuesto, a ONBEAT Producciones por acordarse de los que ya peinamos canas y de la música que disfrutábamos.

La mayoría de los asistentes, de esos tres cuartos, salieron disfrutando; con la sonrisa en su cara; hablando gloria de esas mas de dos horas que pudimos revivir nuestra juventud.

Esto tendría que ser patrimonio nacional y que todos lo municipios de España lo contratasen para todos poder disfrutarlo. Dos horas bailando y cantando, dan la vida.

Por finalizar, mereció tanto la pena el disfrutar de este espectáculo que ya estoy esperando su vuelta a Córdoba, en noviembre, para poder ir de nuevo. Y no desecho la opción que cualquier viaje a Madrid pueda suponer ir a verlos.

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