¿Qué queda del cine cuando se apagan los focos de la industria y solo permanece la mirada? L'Alternativa 2026 contesta con una programación que huele a celuloide, a riesgo y a preguntas incómodas. Del 12 al 22 de noviembre, el Festival de Cinema Independent de Barcelona alcanza su 33.ª edición con el CCCB como corazón y una constelación de salas alrededor.
La Filmoteca de Catalunya, los cines Maldà y Zumzeig, La Caldera, Casa Montjuïc y el Institut Francès completan el mapa. Quien no pueda acercarse tendrá una segunda oportunidad: parte de las películas llegará a Filmin en enero de 2027. Sucede algo parecido con el Another Way Film Festival: los certámenes que de verdad importan ya no caben en una sola pantalla.
Diez largometrajes para asomarse a las grietas
La competición internacional reúne diez títulos que hurgan en lo cotidiano, en la familia, en la memoria y en las resistencias colectivas. Abre la puerta un viejo conocido. Nicolás Pereda, protagonista de una retrospectiva en 2024 y ganador del premio al mejor largometraje internacional en 2025 con Cobre, regresa con Lo demás es ruido, estrenada en la Berlinale: una entrevista televisiva a una compositora de música contemporánea que acaba convertida en un retrato absurdo, casi chejoviano, de afectos y rivalidades entre tres mujeres.
El humor también afila Summer Drift, de Céline Carridroit y Aline Suter, que pasó por la ACID de Cannes. Rodada en 16 mm durante cuatro veranos en Ginebra, esta autoficción queer sigue a una obrera relojera empeñada en resucitar su viejo coche y en plantar cara al mundo de la mecánica que un día le cerró la puerta. Llega de la mano del FICX de Gijón.
Máquinas, duelos y ancestros
Hay en la sección una rareza luminosa: Yastay. Paula Gaetano Adi traslada por los Andes un robot insurgente con forma de guanaco, nacido de su proyecto Guanaquerx, distinguido con el Golden Nica de Ars Electronica. La relación entre máquinas e imágenes ya ocupó a otras citas barcelonesas como el +RAIN Festival 2026, pero aquí la tecnología se vuelve colectiva y abiertamente anticapitalista.
Las heridas domésticas, en cambio, pesan como piedras. Mo Tan mezcla documental íntimo y stop-motion en Confessions of a Mole, una tragicomedia sobre su familia frente a la tradición y la enfermedad. Stefan Đorđević, en Wind, Talk to Me, convierte el duelo por su madre en un relato que arranca, de forma inesperada, con el atropello de un perro. Alain Gomis viaja entre París y Guinea Bissau en Dao para pensar la identidad poscolonial y el tránsito de un padre a ancestro.
Mujeres frente a la violencia y el paisaje
Catorce años después de sobrevivir a un intento de feminicidio, Daniela Magnani Hüller investiga en Sometimes, I Imagine Them All at a Party las estructuras que sostienen la violencia contra las mujeres; la Berlinale le otorgó una mención especial. Morteza Atabaki filma en 32 Meters a una mujer que organiza un campeonato de tiro femenino en Turquía. Manon Coubia, en Forest High, destila diez años como guarda voluntaria en un refugio alpino. Y la fotógrafa de Magnum Alessandra Sanguinetti debuta con La ilusión de un verano sin fin, premiada en Locarno y San Sebastián: veinticinco años mirando crecer a dos primas en la Pampa.
Completan la sección 24 cortometrajes repartidos en tres sesiones con nombres de gimnasio —Stretching, Calistenia y Pole dance—, donde conviven Bill Morrison, Maryam Tafakory o Daniel Jacoby.
Oficial Nacional: cinco películas contra el olvido
El cine español llega con vocación de archivo vivo. Oskar Alegria, habitual de la casa, presenta HAMALAU gau, su cuarto largometraje: catorce noches para mirar el mundo como lo habría mirado Jorge Oteiza, con la libertad lúdica del Oulipo de Perec y Queneau y la improvisación del bertsolari. Francisco Marise, tras Karlovy Vary y la Seminci, firma Camionero, una road movie sin carretera hecha de pausas y motores apagados.
David Baute, ganador del Goya por Mariposas negras, rueda en súper-8 Benigno, retrato de un hombre de 87 años que reivindica envejecer con dignidad en su casa natal. David Hernández sigue en Anxo a un soldador en huelga en los astilleros de la ría de Vigo. Irene Bartolomé, en Dream of Another Summer, recorre las ruinas de Beirut como quien lee un ensayo sobre la supervivencia. Otros 21 cortos compiten en las sesiones Press banca, Hipopresivos y Sauna.
La trastienda del oficio
L'Alternativa PRO cumple 17 años, suma Casa Montjuïc como sede y estrena la aplicación Ágora PRO para el networking. Habrá debates sobre cómo llevar el cine de autor a públicos asiáticos, sobre la financiación del formato breve con Ana Pernia (ICAA) y sobre el silencio como herramienta narrativa, con la compositora Natasha Arizu. La 17.ª Jornada PRO, Batalla de contratos, desmenuzará la letra pequeña junto a Welaw. Hay espacio para el juego: un karaoke de doblaje conducido por Emma Buckle y una Batalla de cortos decidida a golpe de aplauso.
Escuelas de cine y la pregunta por la IA
Pedro Pinho, Meritxell Colell y Sergio Oksman impartirán masterclasses. Las montadoras Ana Pfaff y Ariadna Ribas guiarán el taller A Mov(ie) junto a Xcèntric. Y en La IA piensa. ¿Tú qué haces?, Anna Mundet invitará a los estudiantes a preguntarse qué ven, quién lo ha creado y cuánto cuesta realmente una imagen generada.
Quizá ahí esté la clave de esta edición. En una época saturada de pantallas, L'Alternativa sigue defendiendo lo que no se puede automatizar: la duración, la duda, el gesto de una cámara que espera. Como una letra blanca sobre fondo negro, el cine independiente se lee mejor cuando todo lo demás —el ruido, precisamente— se apaga.
