La picadura de la tarántula
La picadura de la tarántula
Featured

La picadura de la tarántula: el hipnótico trance del sur

  • El C3A de Córdoba rescata a Ernesto de Martino y cruza el folclore del sur con jóvenes artistas andaluces

¿Qué le queda a un cuerpo cuando las palabras ya no le sirven para nombrar lo que duele? En el sur de Italia, durante siglos, la respuesta fue bailar. Bailar hasta perder el sentido. Sobre esa pregunta incómoda se levanta La picadura de la tarántula: sur y folclore, la exposición con la que el Centro de Creación Contemporánea de Andalucía (C3A) rescata al antropólogo Ernesto de Martino (1908-1965) y lo sienta, sin complejos, frente a la creación que hoy germina en Andalucía.

La propuesta, comisariada por Lluís Alexandre Casanovas Blanco e impulsada por la Consejería de Cultura, Patrimonio Histórico y Deporte de la Junta de Andalucía, ocupa la sala T4 y podrá recorrerse hasta el 28 de marzo de 2027. Hay tiempo para volver, y conviene hacerlo. Llega en plena conversación cordobesa sobre sus espacios para el arte, una inquietud que asoma en el debate sobre el futuro de las Caballerizas Reales.

Lucania, 1935: el origen de una mirada

En la década de 1950, De Martino recorrió el Mezzogiorno italiano guiado por dos brújulas: los escritos de Antonio Gramsci y la obra del poeta y pintor Carlo Levi, desterrado en Lucania en 1935. Levi halló allí una comunidad golpeada por la miseria, el aislamiento y la incertidumbre, donde las creencias y los ritos eran el andamio sobre el que se sostenía la vida compartida.

Según el comisario, De Martino no leyó a Levi como una mera cita literaria. Vio en aquel campesinado meridional un sujeto con voz política y cultural propia. El matiz lo cambia todo: el folclore deja de ser estampa pintoresca para convertirse en testimonio.

El veneno, la música y el trance

Como ya ocurrió con la travesía sensorial de Sofía Salazar Rosales en el C3A, el edificio de la orilla sur del Guadalquivir vuelve a convertir sus salas en territorio de cuerpo y memoria.

Esta vez, el corazón del recorrido late al ritmo del tarantismo. Según la creencia popular, la mordedura de la araña arrojaba a sus víctimas a convulsiones y estados de trance que solo cedían ante la música y la danza ritual. De Martino lo estudió en La terra del rimorso (1961), donde rastreó documentos históricos sobre episodios parecidos en España.

Ahí aguarda una de las sorpresas del recorrido. Expedientes y tratados médicos dan cuenta de casos de tarantismo en la península durante los siglos XVIII y XIX, con anotaciones hasta mediados del XX. La tarántula, por lo visto, también picaba a este lado del Mediterráneo.

Lo que parecía delirio era, en el fondo, una gramática.

Para De Martino, explica Casanovas Blanco, el rito funcionaba como un repertorio de gestos capaz de dar forma a lo que la modernidad pretendía acallar: el sufrimiento, el deseo y el conflicto de cuerpos marcados por la precariedad, la desigualdad y la muerte. En la danza, esas vidas encontraban un modo de existir ante los demás. Lo que parecía delirio era, en el fondo, una gramática.

Del celuloide italiano a las romerías andaluzas

Las expediciones del antropólogo quedaron fijadas en fotografías, películas y grabaciones sonoras. Aquel material nutrió el arte y el cine italianos de su tiempo y sigue interpelando a quienes hoy empuñan una cámara o un pincel.

En las pantallas desfilan trabajos de Lino Del Fra, Giuseppe Ferrara, Cecilia Mangini o Gianfranco Mingozzi, entre otros. Ellos filmaron el tarantismo, los llantos fúnebres, los ritos de la cosecha y las prácticas curativas.

Luego, el salto a casa. A finales de los setenta y principios de los ochenta, una hornada de cineastas andaluces volvió los ojos hacia las romerías, los cultos religiosos y otras expresiones populares. Rocío (1980), de Fernando Ruiz Vergara, con guion e investigación de Ana Vila, y Tierras de Málaga (1979), de la Cooperativa de Cine de Málaga, leen en esas celebraciones la arquitectura social de la Andalucía de entonces. Verlas hoy, junto a las cintas italianas, provoca un escalofrío de parentesco.

La generación que ya no mira el folclore con ironía

Si generaciones anteriores se acercaron con escepticismo a las identidades y a los modos de representar lo popular, los creadores de ahora lo entienden, según el comisario, como un terreno movedizo y disputado, atravesado por tensiones de clase, de género, de territorio y de memoria. Lo hacen suyo. Lo desplazan, se lo apropian, lo transforman hasta convertirlo en un lugar donde reconocerse y ensayar otras formas de vínculo.

Destacan las piezas de María Alcaide (Huelva, 1992), María Rosa Aránega (Almería, 1995), Mateo Chica (Madrid, 1998) y Manuel Zapata Vázquez (Sevilla, 1991). Los dos últimos firman encargos concebidos expresamente para esta cita.

Cierra el conjunto la Universidad Popular del Mediodía, proyecto de La Madraza - Centro de Cultura Contemporánea de la Universidad de Granada, con sede en la Casa de Porras, en el Albaicín. Su nombre recupera el concepto de Mediodía acuñado por el arabista Rodolfo Gil Benumeya para pensar Granada desde el Mediterráneo y la memoria andalusí.

Un archivo con acento mediterráneo

Los préstamos trazan un mapa que va de Madrid a Roma: el Archivo Nacional, la Biblioteca Histórica Municipal de Madrid, la Biblioteca Histórica Marqués de Valdecilla de la Universidad Complutense, la Fondazione Carlo Levi, el Archivo Franco Pinna, la Cineteca de Bologna, la Filmoteca de Andalucía y el Istituto Centrale per il Patrimonio Immateriale del Ministero della Cultura.

Uno sale de la sala T4 con la sensación de haber escuchado algo antiguo e inquietantemente actual. Como un trazo blanco sobre fondo negro, el gesto ritual resalta justo donde la oscuridad es más densa. La tarántula ya no muerde en los campos de Lucania. Pero el veneno, con otros nombres, sigue buscando un tambor que lo saque del cuerpo.

Últimas Noticias de esta Sección

Noticias que no te puedes perder de esta sección