Extracto de la entrevista de Yolanda Martínez, en Dialogos con los Libros, a Pepe González Arenas.
¿Qué hace un científico cuando la indignación ya no le cabe en una columna de opinión? Pepe González Arenas la convirtió en salmos. Salterio, poesía social (La Quinta Rosa Editorial) reúne 31 textos nacidos del dolor y de la rabia. Su autor habló de ellos sin rodeos con la periodista Yolanda. La poesía, que todavía sabe emocionar cuando sube a un escenario, también sabe indignarse. Estos son los mejores momentos de la conversación.
«Este libro surge del dolor y de la rabia»
Pepe González Arenas: Era a finales de mayo. Yo estaba de baja y vi en la televisión unas imágenes que me impactaron muchísimo. El ministro de Seguridad de Israel se paseaba ante un centenar de pacifistas detenidos, de rodillas y con las manos a la espalda. Y sacaba pecho de haber conseguido esa proeza, entre comillas.
P. G. A.: Me fui a mi despacho para escribir un artículo de opinión, que es lo que hago cada semana. Pero pensé: eso lo van a hacer muchos y muchas. ¿Y por qué no una poesía? Tampoco cualquier poesía. A esto lo que le va es un salmo.
Un libro guardado como oro en paño
P. G. A.: En el libro de los Salmos hay de todo: laudatorios, imprecatorios, acusadores… Y me acordé de un libro que guardo como oro en paño porque tuvo poca tirada: Salmos, de Ernesto Cardenal. Él era poeta, sacerdote y fue el primer ministro de Cultura del gobierno sandinista. Colecciono poesía y me gasto mucho dinero en ella, para desgracia de mi familia.
P. G. A.: Mandé el primero, el «Salmo de fuego por los arrodillados», con mis dudas: «Esta gente publica opinión, no poesía, me lo van a echar». Lo publicaron sin tocar ni una coma. Y gente que nunca me escribía empezó a escribirme.
Treinta y un salmos y una ausencia
Hay quien encuentra en el arte una manera de salvarse. Él encontró la forma de no callar.
P. G. A.: Seguía teniendo dolor y rabia. Escribí sobre las mujeres maltratadas, sobre las madres que arriesgan su vida cruzando el Estrecho en patera y sobre las personas LGTBI. También sobre los glaciares que se derriten, sobre la tierra que se empobrece y sobre la guerra televisada. Cuando me quedé vacío tenía treinta salmos más.
P. G. A.: En junio una amiga me dijo: «No has escrito nada sobre las víctimas de la pederastia». Es verdad. Me duele mucho, y cuando veo que se ha intentado tapar, me duele doblemente. Quité el salmo que me parecía más flojo y escribí el 28: «Salmo contra quienes devoran la infancia».
«La poesía sigue siendo un arma cargada de futuro»
Yolanda: Me gusta mucho cómo has logrado esa mezcla de lo sagrado y lo profano, y tener una conciencia social tan grande.
P. G. A.: La palabra Dios aparece 61 veces en 31 salmos. Por eso le puse poesía social: hablo de salmos y menciono a Dios, pero esto no es un libro religioso. Es también un guiño a Gabriel Celaya, porque sigo creyendo, en estos tiempos tan tristes, que la poesía es un arma cargada de futuro.
Ciencia y un optimismo terco
P. G. A.: Me gano la vida como científico. Durante unos quince años me dediqué a divulgar ciencia: es mi forma de devolver a la sociedad que paga mi nómina con sus impuestos.
Yolanda: Muchas veces digo que nos hundimos, que nos extinguimos. Si tú eres optimista, te voy a hacer caso, que eres el que sabe.
P. G. A.: Mis hijos, que no son científicos, me rectifican: «Papá, esto no se hace así». En mi casa el ecologista era yo. Protesto, pero llevan razón.
El colibrí
Yolanda: ¿Qué palabra crees que te ha podido salvar en algún momento? Y Dios no vale, esa te la quito.
P. G. A.: Ayer me definía como un científico ateo, pero creo en el Dios de Spinoza, un Dios panteísta en la naturaleza. Para mí son dos palabras que van siempre juntas: compromiso social. Los enemigos que tengo son por mi compromiso social, y la gente que me quiere, también.
P. G. A.: Rara es la semana en que no me insultan en redes; me han amenazado de muerte. Pepe Mujica contaba una leyenda guaraní: mientras todos los animales corrían hacia el río, un colibrí intentaba apagar el incendio de la selva con el agua de su pico. Yo voy a seguir haciendo mi tarea, como el colibrí.
Yolanda: Espero que no dejes de ser ese colibrí, que es necesario.
P. G. A.: A mi edad ya no voy a cambiar.
La despedida la puso la entrevistadora, leyendo unos versos del salmo dedicado a las personas LGTBI: «Que llegue el día en que ya no haga falta decir tolerancia porque había respeto, ni decir orgullo porque había sencillez, y que nadie vuelva a rezar pidiéndote dejar de ser quien es para ser aceptado». Blanco sobre negro, sin adornos.
