IMÁGENES: ANGELA ZAMORA @angelazamorabe
La artista convirtió su paso por Sevilla en una noche de emoción compartida, donde la intimidad, la palabra y la música se entrelazaron para dar sentido a una gira que no busca deslumbrar, sino acompañar.
Zahara volvió a Sevilla para confirmar algo que su público ya sabía: sus conciertos no se asisten, se atraviesan. La cita, enmarcada dentro de la gira Lento Ternura, fue un ejercicio de honestidad emocional y conexión directa con una Sala Pandora, abarrotada y entregada desde el primer acorde.
Desde el inicio, la jienense dejó claro que no venía a esconderse. De hecho, apareció desde el público. El repertorio, cuidadosamente construido, tal y como ella dijo “esto va por eras, como Taylor Swift” y transitó entre la fragilidad y la contundencia, combinando canciones de su etapa más reciente con temas ya convertidos en refugio colectivo. La puesta en escena, sobria pero efectiva, acompañó el discurso sin eclipsarlo: luces cálidas, momentos de penumbra y un protagonismo absoluto de la voz y la palabra.
Sevilla respondió como sabe hacerlo: cantando, escuchando y sosteniendo los silencios. Hubo espacio para la emoción contenida, para la rabia canalizada y también para la complicidad cercana, esa que Zahara maneja con naturalidad cuando se dirige al público sin imposturas, compartiendo reflexiones y dejando que las canciones respiren.

Uno de los grandes aciertos de la noche fue el equilibrio entre intimidad y potencia. Incluso en los pasajes más electrónicos o rítmicos, el concierto nunca perdió su carácter humano. Cada tema parecía dialogar con el anterior, construyendo un relato que hablaba de vulnerabilidad, reconstrucción y cuidado, tanto hacia dentro como hacia fuera.
El tramo final llegó con la sensación de haber compartido algo más que música: una especie de ritual colectivo donde las heridas se exponen, pero también se acompañan. Zahara se despidió entre aplausos largos, de esos que no piden otra canción, sino que agradecen lo vivido.
En Sevilla, Lento Ternura no fue solo el nombre de una gira, sino una declaración de intenciones cumplida.




