19 candidatos Mejor Película Iberoamericana para Goyas 2027
19 candidatos Mejor Película Iberoamericana para Goyas 2027
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Goya 2027: el épico duelo por Mejor Película Iberoamericana

  • 19 países, cuatro más que el año pasado, buscan su sitio en los Goya que Navarra acogerá el 6 de febrero

¿Cabe un continente entero en una sola estatuilla? Diecinueve películas, llegadas desde diecinueve países, aspiran a la nominación a Mejor Película Iberoamericana en la 41 edición de los Premios Goya, y basta con leer sus títulos en voz alta para intuir un mapa hecho de memoria, paisaje y heridas compartidas en dos lenguas hermanas.

Diecinueve miradas para un solo Goya

La gala se celebrará en Navarra el próximo 6 de febrero, y la carrera ya ha comenzado. La lista de aspirantes crece respecto al año anterior: son cuatro largometrajes más de los que buscaron la nominación en la pasada edición. No es un dato menor. En un tiempo en que la exhibición pelea cada butaca, como recuerda el debate sobre las ayudas a salas de cine, que cada vez más academias nacionales quieran asomarse a este escaparate habla de una cinematografía que se resiste a quedar en penumbra.

Cada país ha elegido a su representante, y en esa elección hay algo de autorretrato. Lo que llega a la Academia no es solo una película: es la manera en que una comunidad decide contarse ante los demás.

Del Caribe a los Andes

La República Dominicana apuesta por Bajo el mismo sol, de Ulises Porra Guardiola, mientras que Panamá confía en Chichero, firmada a cuatro manos por Arturo Montenegro y Aarón Bromley. Desde Guatemala llega Cordillera de fuego, de Jayro Bustamante, un cineasta que ya demostró con Ixcanul su capacidad para filmar la tierra como si respirara. Venezuela presenta El pez que fuma, dirigida por Luis Fernández, y Puerto Rico concurre con Esta isla, de Cristian Carretero y Lorraine Jones Molina.

Quien siga el pulso del cine independiente más audaz encontrará en esta selección un territorio fértil, donde conviven el thriller, el drama íntimo y la crónica histórica.

El recorrido sigue hacia el sur. Chile ha escogido Hangar rojo, de Juan Pablo Sallato; la Academia ecuatoriana se decanta por Hiedra, de Ana Barragán; Bolivia propone La hija del cóndor, de Álvaro Ramos Torrico, y Argentina defiende La virgen de la Tosquera, de Laura Casabé. Títulos que, leídos en fila, suenan a geografía y a mito, a esa frontera difusa entre lo real y lo legendario que la literatura latinoamericana convirtió en patrimonio universal.

De Colombia a Brasil, pasando por Portugal

La segunda mitad del listado no rebaja la ambición. Colombia compite con Llueve sobre Babel, de Gala del Sol, y El Salvador con Luciérnagas en el Mozote, dirigida por Ernesto Melara. Portugal, única voz en portugués europeo de la terna, envía Maria Vitória, de Mário Patrocínio, y México confía en Moscas, de Fernando Eimbcke, autor de aquella delicada Temporada de patos que retrató la adolescencia con humor seco y ternura contenida.

Completan la nómina Narciso, de Marcelo Martinessi, por Paraguay; Neurótica anónima, que dirige Jorge Perugorría, el inolvidable Diego de Fresa y chocolate, ahora detrás de la cámara, en representación de Cuba; Siempre soy tu animal materno, de Valentina Maurel, por Costa Rica; Un cabo suelto, de Daniel Hendler, por Uruguay; Vicentina pede desculpas, de Gabriel Martins, por Brasil, y Vino la noche, de Paolo Tizón, por Perú.

«Leídos en fila, estos diecinueve títulos componen un poema involuntario sobre la identidad de un continente.»

Un mosaico de voces y de oficios

Llama la atención la variedad de procedencias profesionales. Hay actores que se reinventan como directores, cineastas consolidados que regresan con nuevas propuestas y firmas que asoman por primera vez a este tipo de citas. Hay codirecciones, miradas femeninas que ganan espacio y relatos que van del Caribe insular a la cordillera andina. Esa heterogeneidad es, quizá, la mayor riqueza de la categoría.

Porque el premio a la Mejor Película Iberoamericana no funciona como un trofeo cualquiera. Es un puente tendido entre orillas, una invitación a que el público español descubra cinematografías que rara vez ocupan la cartelera comercial. Cada nominación abre una puerta; cada título que queda fuera, en cambio, corre el riesgo de quedar a oscuras.

Una cita en la sede de la Academia

Antes de que los académicos decidan, habrá ocasión de ver. Durante el próximo mes de noviembre, los diecinueve largometrajes se proyectarán en la sede de la institución, dentro de la programación de la Fundación Academia de Cine. Será la oportunidad de recorrer, en pocas semanas, buena parte del cine que se está haciendo hoy a ambos lados del Atlántico.

Para el espectador curioso, el ciclo funciona como un viaje sin billete: de Santo Domingo a Montevideo, de Ciudad de Guatemala a Lisboa, de La Habana a Lima. Un itinerario trazado con luz proyectada sobre una pared blanca.

Blanco sobre negro

Hay algo profundamente simbólico en el gesto de apagar las luces de una sala para que aparezca una historia. El cine es, en esencia, eso: claridad que se abre paso en la oscuridad. Estas diecinueve películas llegan a Navarra con la misma vocación, la de iluminar rincones que el resto del mundo apenas mira. Solo una se llevará el Goya. Pero la verdadera victoria ya se ha producido: que tantos países hayan querido sentarse a la misma mesa, hablar en voz alta y pedir, sencillamente, ser vistos.

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