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Salistre en concierto Foto Ángela Zamora
Salistre en concierto Foto Ángela Zamora
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Salistre se despide a lo grande: una noche de raíces, emoción y comunión en Sevilla

  • Salistre se despide en Sevilla con un concierto lleno de emoción, invitados y comunión con su público en el Cartuja Center.

Sevilla vivió anoche un momento histórico para la música gaditana: Salistre cerró su gira “Contigo” en el Cartuja Center con un concierto emotivo y lleno de energía, además de una larga lista de invitados, donde público y banda compartieron una noche que será recordada como el broche de oro de una etapa inolvidable.

El Cartuja Center apagó las luces y, durante unos segundos, Sevilla contuvo la respiración. No era un concierto más. Era el final de un viaje, el cierre de una gira que ha llevado a Salistre por medio país y que anoche encontró su punto final con una sala llena hasta la última butaca y un público entregado desde antes del primer acorde.

Cuando el grupo apareció en escena, sin artificios innecesarios y con esa naturalidad que les define, quedó claro que la noche iba a ir de verdad, no de poses. Arrancaron con fuerza, marcando el escenario desde el inicio, y en apenas unos minutos el Cartuja Center dejó de ser un teatro para convertirse en un espacio compartido, casi familiar, donde canciones, invitados y vivencias se mezclaban sin barreras.

El repertorio fue un recorrido emocional por toda la gira Contigo.  Desde canciones más populares como Mi Varadero o Me la llevo. Temas que han crecido en carretera sonaron más grandes que nunca, con arreglos cuidados pero sin perder ese pulso cercano que ha convertido a Salistre en un grupo que no se escucha: se vive. Hubo momentos de euforia colectiva, palmas que nacían solas y estribillos coreados como si fueran himnos íntimos.

Pero si algo marcó el concierto fue la sensación de despedida consciente. Entre canción y canción, el grupo se permitió hablar, agradecer, recordar. No desde el discurso ensayado, sino desde la emoción real de quien sabe que está cerrando una etapa importante. El público respondió con silencio respetuoso cuando tocaba… y con una ovación larga, sostenida, cuando las palabras ya no bastaban.

La recta final fue una sucesión de picos emocionales. Canciones que dolieron y curaron al mismo tiempo, miradas cómplices entre los músicos y un público que entendió que aquello no era solo el final de una gira, sino la confirmación de algo más grande: Salistre ha dejado de ser una promesa para convertirse en una certeza.

El último tema cayó como cae el telón después de una obra honesta. Sin fuegos artificiales, pero con la sala en pie, cantando incluso cuando ya no quedaba música. El grupo se abrazó en el escenario. El público no se movió. Nadie quería ser el primero en aceptar que se había acabado.

Anoche, en Sevilla, Salistre no solo cerró una gira. Selló una relación con su gente y dejó claro que lo que viene, cuando vuelva a empezar, será todavía más grande. Porque hay finales que no suenan a adiós, sino a impulso.

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