¿Qué ocurre cuando una pintora belga, una bailaora de raíz andaluza y una cineasta que dialoga con la inteligencia artificial coinciden en la misma sala? Ocurre algo más que una ceremonia: se dibuja un mapa. El pasado 26 de septiembre, el Hotel Averroes de Córdoba fue escenario del I Concurso Internacional Cultural Mujer y Poder, que distinguió a dieciséis creadoras llegadas de distintos puntos de España y de Bélgica.
Hace casi un siglo, Virginia Woolf reclamaba para las escritoras una habitación propia. Hoy la reivindicación ha cambiado de escala: ya no basta con el espacio íntimo para crear, hace falta también el espacio público donde lo creado sea visto. La asociación cordobesa que impulsa esta convocatoria lleva tiempo empeñada en esa tarea, como ya mostraron sus galardones a referentes femeninas en múltiples ámbitos
Un lema como poética
«Inspirando futuros, elevando legados». La divisa elegida por la Asociación Cultural Mujer y Poder funciona casi como un programa estético: mirar hacia delante sin soltar la mano de quienes abrieron camino. Y la geografía de las premiadas le dio cuerpo. Almería, Granada, Jaén, Málaga y Barcelona compartieron palmarés con Bélgica, en un diálogo que desbordó cualquier frontera provincial.
Los números, siempre más prosaicos, confirman la ambición del proyecto. Doce categorías, doce primeros premios. A ellos se añadieron un segundo y un tercer puesto en Pintura y un segundo en Literatura, hasta completar quince distinciones a concurso. El Premio Mujer Referente cerró el círculo de las dieciséis.
Late aquí una concepción ancha de la cultura, sin jerarquías entre lo heredado y lo recién nacido. No es la primera vez que esta revista se asoma a ese universo: ya lo hicimos al reseñar cómo la segunda edición de los Premios Mujer y Poder celebró la cultura.
Un palmarés que se lee como una antología
El cuerpo, el lienzo y la imagen en movimiento
Las artes escénicas encontraron su voz en Rosario María Vélez-Martín Doimeadios, primer premio de la categoría. La pintura, territorio más concurrido del certamen, quedó en manos de Gerda Van Damme, con María Gómez Gómez y Matilde Gallardo Sánchez en segunda y tercera posición.
En la pantalla, dos lenguajes se miraron de frente. Rocío Morales Cambronero obtuvo el primer premio de Cortometraje; María José Torrico Invernón, el de Cortometraje con IA. Que ambas categorías convivan en una misma convocatoria dice mucho: la herramienta cambia, pero la pregunta que la creadora formula sigue siendo suya.
Sonidos, palabras y gestos
La música se desplegó como un abanico. Rocío de la Mata Santos ganó en Creación Musical Propia; M.ª Ángeles Ortiz Mora, en Flamenco; Emily Han, en Música Clásica. Tres tradiciones que rara vez comparten escenario, aquí reunidas bajo un mismo aplauso.
La literatura tuvo dos nombres: Nesa Lubart, primer premio, y Daniela Francisca Montesino, segundo. Estrella Martínez Requena se impuso en Danza, mientras Suni González lo hacía en Fotografía, ese arte de detener el tiempo.
Orfebrería con mito y relevo generacional
Hay títulos que contienen un mundo. Alas de Isis, la pieza con la que Esther Ramos conquistó el primer premio de Diseño de Joyas, evoca a la diosa egipcia que, según el mito, recompuso lo que estaba disperso. Metáfora involuntaria, quizá, de todo el certamen. El relevo quedó asegurado con Paula López, primer Premio Joven menor de 35 años.
Rosa Muñoz Bustamante: el oficio de unir
Entre todas las distinciones, el Premio Mujer Referente tuvo un brillo singular. Lo recibió Rosa Muñoz Bustamante, y no por designio de un comité lejano, sino a propuesta de la propia Gerda Van Damme.
Al frente de MECA Mediterráneo Centro Artístico, Muñoz Bustamante acumula más de treinta años dedicados a la gestión cultural, el comisariado y el arte contemporáneo. Su trabajo ha sido, sobre todo, un trabajo de puentes: proyectos impulsados y vínculos tejidos entre artistas, instituciones y profesionales, a uno y otro lado de nuestras fronteras.
Que una mujer señale a otra como referente convierte el premio en un acto de reconocimiento entre iguales.
Esa es, en el fondo, la idea más fértil de la convocatoria: la visibilidad no se concede desde arriba, se construye en red.
Córdoba, ágora de creadoras
El cierre institucional corrió a cargo de Juan Rafael Martínez Carrasco, coordinador general de Igualdad, Juventud y Servicios Sociales del Ayuntamiento de Córdoba. María Piña, presidenta y fundadora de la asociación, defendió por su parte la necesidad de multiplicar los lugares desde los que reconocer la creación femenina, para que obras, nombres y trayectorias alcancen el eco que merecen.
Pero lo más valioso quizá sucedió fuera del protocolo. Creadoras de generaciones, territorios y disciplinas diversas intercambiaron experiencias y descubrieron proyectos ajenos. La cultura, una vez más, como lengua franca.
La asociación quiso agradecer el respaldo de los medios que difundieron la iniciativa, el trabajo fotográfico de las alumnas del SEP Luis de Góngora, que dejaron memoria visual de la jornada, y la hospitalidad del Hotel Averroes, junto a las entidades colaboradoras que sostuvieron esta primera edición.
Woolf pedía una habitación; estas dieciséis mujeres han ocupado, por un día, una ciudad entera. Queda ahora la tarea más difícil y más hermosa: que esa luz no se apague cuando se recojan las sillas, y que cada nueva edición abra otra ventana.