Quarantine Menorca. Hunters Moon
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Quarantine Menorca: el fascinante encierro de 50 artistas

  • Siete días sin móviles en el Lazareto de Maó: 50 creadores de 14 países desafían sus certezas bajo la luna del cazador

¿Qué queda de un artista cuando le quitan el teléfono, el plan del día y hasta el estilo que tanto le costó encontrar? Esa es la pregunta, incómoda y casi impertinente, que Quarantine Menorca lanza este otoño desde el Lazareto de Maó, donde cincuenta creadores de catorce países permanecen aislados hasta el domingo 25 de octubre.

Hay lugares que no olvidan para qué fueron levantados. El Lazareto, recinto amurallado a pocos minutos de la costa menorquina, nació para retener a las tripulaciones sospechosas de traer la enfermedad desde el mar. Hoy vuelve a cerrar sus puertas. Solo que lo que se pone en cuarentena no es un contagio. Es la costumbre.

La nueva edición del programa, bautizada Hunter's Moon, propone siete jornadas de creación intensiva sin móviles y sin que nadie sepa qué desafío le aguarda cada mañana. Llega en pleno octubre, cuando la temporada turística balear se estira más allá del verano.

 

Desaprender como método: el reto de Quarantine Menorca

Toda la propuesta descansa sobre una sospecha. ¿Y si aquello que mejor dominamos fuera, precisamente, lo que nos impide avanzar?

La técnica pulida, la fórmula que funciona, ese estilo reconocible que el mercado aplaude: todo eso termina convirtiéndose en refugio. Y del refugio a la jaula hay apenas un paso. Lo que un día sirvió para encontrar una voz propia puede acabar amordazándola. Rilke aconsejaba a su joven poeta que mirara hacia dentro; aquí se exige algo más áspero, desmontar lo que uno ya había construido.

Los retos se revelan en el instante de empezar y se aprende haciendo, nunca teorizando. Las restricciones alteran las decisiones, ponen en duda las referencias y obligan a soltar soluciones conocidas. Hay algo de escultor que talla en negativo, como esas formas que sobreviven al paso del tiempo cuando se les arranca lo accesorio.

La vulnerabilidad como materia prima

En esta edición, la fragilidad emocional ocupa el centro. Mediante ejercicios que cruzan disciplinas, cada participante explora zonas de sí mismo que normalmente se quedan fuera del estudio. No se trata de perfeccionar el trazo. Se trata de ensanchar el lugar desde el que se mira, se siente y se crea.

La luna que no deja escondites

El nombre no es casual. La Hunter's Moon, la luna del cazador, es el primer plenilunio tras la cosecha. Con los campos ya segados, los animales pierden su cobijo y la claridad nocturna descubre lo que antes permanecía oculto.

La metáfora ordena la semana entera. Cada día cae una capa de protección: la identidad; el color y la propiedad; los planes; las decisiones; las creencias; la memoria. Y al final, el juicio. Cuantas menos certezas quedan en pie, más resquicios se abren para trabajar de otro modo. Blanco sobre negro en estado puro: la figura recortada contra la oscuridad, sin adornos que distraigan.

Seis mentores y ninguna receta

Guían el proceso seis artistas: Jeremy Mann, Nadezda, João Ruas, Christian Rex van Minnen, Hiba Schahbaz y Jordi Diaz Alamà. Sus mentorías y clases magistrales aportan miradas muy distintas sobre el oficio, aunque ninguno viene a dictar cómo se pinta. El programa suma propuestas musicales y dinámicas de exploración colectiva que dan entrada a otras voces.

La intención es crear condiciones, no repartir respuestas. Que cada cual tropiece con sus propios automatismos y descubra, a fuerza de práctica, que existían alternativas.

Catorce banderas en una isla dentro de otra isla

Los cincuenta participantes proceden de Estados Unidos, Alemania, Australia, Canadá, Bélgica, Países Bajos, México, Dinamarca, Suiza, Israel, Portugal, Eslovenia, Uruguay y España.

El aislamiento físico, la convivencia y la intensidad de las jornadas forman parte de la experiencia. El Lazareto no es un decorado: sus murallas, su memoria de cuarentenas y su distancia de lo cotidiano fabrican un contexto difícil de repetir. Boccaccio imaginó en el Decamerón a diez jóvenes huidos de la peste que se contaban historias para sobrevivir al encierro. Aquí son cincuenta, y en lugar de relatos intercambian miradas, dudas y confianza. Crear deja de ser un acto solitario para convertirse en exposición.

El arte como resistencia frente al miedo

En lo esencial, el método no ha cambiado. El mundo, sí. Conflictos, incertidumbre geopolítica, una sensación de inestabilidad que no termina de disiparse.

Frente a ese paisaje, Hunter's Moon defiende una idea sencilla y nada ingenua: el arte puede plantar cara al miedo. No porque borre la incertidumbre, sino porque enseña a atravesarla, a cuestionar los propios límites y a ensayar otras maneras de habitar el mundo. La creatividad, entendida así, no es una burbuja ajena a la realidad. Es una facultad que hay que mantener viva, flexible, expuesta a lo desconocido. Renunciar unos días a las certezas es un ejercicio artístico. También es una forma de recuperar la libertad de imaginar.

Quarantine no promete convertir a nadie en mejor artista. Su oferta es más incómoda y quizá más valiosa: averiguar qué ocurre cuando las fórmulas dejan de servir y ya no queda dónde esconderse.

La cita cuenta con el patrocinio de la Fundación Fomento del Turismo de Menorca y la colaboración del Ayuntamiento de Es Castell, localidad que aloja a los participantes.

Cuando el domingo se apague la luna del cazador sobre el puerto de Maó, nadie saldrá del Lazareto con la obra perfecta. Saldrán con algo más raro y más útil. La certeza de que el miedo, mirado de frente, también se puede pintar.

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