¿Qué ocurre cuando un festival decide que el cine de autor no es una etiqueta, sino una forma de mirar? Valladolid vuelve a hacerse esa pregunta desde ayer, 23 de octubre, con el comienzo de la 71.ª Seminci, una edición que hasta el 31 de octubre convierte la ciudad en punto de encuentro para películas, cineastas y espectadores. La apertura ha llegado de la mano de Lili Horvát y My Notes on Mars, mientras la Espiga de Honor a Willie D. Burton ha añadido otra capa de reconocimiento a una jornada inaugural marcada por el cine.
Valladolid vuelve a mirar hacia el cine de autor
La Seminci regresa con una programación de más de 200 películas y una clara vocación de encuentro entre distintas cinematografías. Hay estrenos españoles y mundiales, nuevos trabajos y autores que llegan a Valladolid con películas capaces de prolongar la conversación más allá de la sala.
En ese contexto, Seminci vuelve a situar a Valladolid en el mapa del cine de autor.
La elección de Lili Horvát para inaugurar el certamen no es casual. También permite abrir la edición desde una película que cruza intimidad, incertidumbre y ciencia ficción sin abandonar el pulso humano de sus personajes. La cineasta húngara ya conoce de cerca la relación entre Valladolid y su cine: ganó la Espiga de Oro en 2020 con Preparativos para estar juntos un periodo de tiempo desconocido. Seis años después, regresa con My Notes on Mars, protagonizada por Mackenzie Davis y Rupert Friend.
Una apertura entre amor, memoria y ciencia ficción
La película parte de una pareja marcada por la distancia y el desgaste. Margot desaparece y su ausencia altera los planes compartidos con Sam. La historia utiliza esa fractura para plantear una cuestión íntima: hasta qué punto podemos conocer realmente a la persona que amamos.
Horvát mezcla así una historia emocional con una dimensión de ciencia ficción. My Notes on Mars, su tercer largometraje y el primero rodado en inglés, fue también la película inaugural de Giornate degli Autori en el Festival de Venecia. En Valladolid llega como estreno español y abre la Sección Oficial de una edición que vuelve a conceder espacio a miradas personales y a propuestas alejadas de las fórmulas más previsibles.
El regreso de Horvát tiene, además, un valor simbólico. La cineasta forma parte de una historia reciente de Seminci y su presencia conecta aquel reconocimiento de 2020 con una obra nueva, seis años después. El festival vuelve a mirar hacia una autora cuya filmografía ya está asociada a Valladolid.
Un festival que amplía el foco
La inauguración no agota el interés de esta 71.ª edición. La programación reúne cineastas y profesionales de distintas procedencias y generaciones, con una atención especial al cine español y a la conexión iberoamericana. En estas mismas semanas, otro festival de cine que también mira hacia las nuevas formas de contar propone en Madrid una programación marcada por el documental, la sostenibilidad y distintas miradas contemporáneas. Entre los nombres anunciados figura el mexicano Gael García Bernal, que será el encargado de clausurar el festival el 31 de octubre con Hombre al agua, su última película como actor y director.
La presencia de Willie D. Burton añade otra dimensión al arranque. El diseñador de sonido, ganador de dos premios Oscar, recibe una Espiga de Honor en reconocimiento a su trayectoria. Su incorporación resulta especialmente significativa en una edición que concede al sonido un lugar destacado dentro de la creación cinematográfica.
Películas para una nueva temporada
Más allá de los nombres propios, la verdadera medida de un festival está en lo que consigue poner en circulación. La Seminci propone durante nueve días un espacio para descubrir películas, seguir trayectorias y detectar autores que pueden dejar huella en la conversación cinematográfica de los próximos meses.
Ahí reside buena parte del interés de esta edición: en observar qué obras encuentran eco entre el público, cuáles despiertan debate y qué cineastas consiguen que una historia permanezca cuando las luces de la sala vuelven a encenderse.
Valladolid recupera estos días su condición de ciudad cinematográfica. No solo por la cantidad de películas reunidas, sino por esa mezcla de estrenos, autores y encuentros que convierte al festival en un lugar de atención para quienes siguen el cine de autor.
Hasta el 31 de octubre, la ciudad será también una pantalla abierta a distintas formas de contar. La Seminci acaba de empezar, pero la pregunta ya está planteada: qué películas, qué miradas y qué nombres conseguirán acompañarnos cuando el festival termine. La respuesta, como suele ocurrir en el cine que importa, no estará solo en los premios, sino en la memoria que deje cada historia.
