Cartel DAO ganadora SEMINCI
Cartel DAO ganadora SEMINCI
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La película de Alain Gomis encabeza un palmarés que premia memoria, identidad, comunidad y nuevas formas cinematográficas.

  • Dao gana la Espiga de Oro de la Seminci 2026 y encabeza un palmarés que reivindica el cine de autor, la memoria y la comunidad.

La 71.ª Semana Internacional de Cine de Valladolid ya tiene una imagen ganadora: Dao, de Alain Gomis, se lleva la Espiga de Oro y coloca en el centro del palmarés una película que trabaja sobre la pertenencia, la memoria y los vínculos familiares. El premio llega al cierre de una edición que, según el primer balance provisional del festival, ha superado los 100.000 espectadores. Para ampliar la mirada sobre el presente del cine de autor en España, puede leerse también El cine andaluz conquista el Festival de Sevilla 2026.

Dao, una Espiga de Oro entre dos orillas

Gomis, cineasta franco-senegalés, construye Dao a partir de dos acontecimientos que transcurren lejos uno del otro, pero comparten protagonistas y una misma raíz. En Francia, una boda reúne a una familia de ascendencia africana. En Guinea-Bisáu, un rito funerario convoca a la comunidad alrededor de la despedida y de la memoria de los antepasados.

La película mezcla personajes de ficción, personas reales y testimonios de miembros de esas comunidades. El resultado, según el jurado de la Sección Oficial Internacional, destaca por una forma cinematográfica singular, en la que ritmo, duración y movimiento generan una atmósfera íntima e inmersiva. No parece un premio concedido solo a una historia, sino también a una manera de mirar.

La propia descripción de Seminci presenta Dao como una obra abierta entre ficción y documental, donde las experiencias de quienes emigraron conviven con las de quienes decidieron permanecer. Ese cruce convierte la familia en algo menos parecido a un lugar fijo que a una corriente capaz de unir territorios, recuerdos y generaciones.

Frame DAO ganadora SEMINCI
Frame DAO ganadora SEMINCI

Un palmarés que apuesta por la diversidad de miradas

La Espiga de Plata ha sido para La Gradiva, de Marine Atlan, coproducción de Francia e Italia. El jurado ha reconocido su riqueza narrativa y la convivencia entre naturalismo, elementos novelescos, impulsos líricos y dimensiones mitológicas y sociológicas. La película ha recibido también el Premio Espiga Arcoíris, destinado a obras con contenido LGTBIQA+.

Aquí, de Tiago Guedes, obtiene una mención especial. El jurado ha valorado su ambición visual y narrativa, así como su capacidad para transformar el material de partida en un universo propio. La distinción confirma una edición especialmente abierta a películas que no parecen interesadas en caminar por senderos demasiado transitados. En este punto encaja Seminci 2026: el gran regreso del cine de autor a Valladolid, otro acercamiento de Blanco Sobre Negro al certamen. 

El premio a la mejor dirección, patrocinado por Ribera del Duero, recae en Lisandro Alonso por La libertad doble. El jurado destaca su convicción cinematográfica y la capacidad de convertir el lenguaje contemplativo en una experiencia cercana al espectador. Es otro dato significativo: la dirección premiada no se apoya en el ruido, sino en la duración, la observación y la confianza en las imágenes.

Interpretaciones, guion y montaje completan la fotografía

En interpretación, Alba Rohrwacher gana el premio a la mejor actriz por A Good Little Soldier, de Stéphane Brizé. Swann Arlaud obtiene el de mejor actor por Un hombre de nuestro tiempo, de Emmanuel Marre. El jurado ha señalado, respectivamente, la sutileza y profundidad de ambos trabajos.

La fotografía distingue a Olivier Boonjing por Un hombre de nuestro tiempo; el premio Miguel Delibes al mejor guion reconoce a Sandra Wollner por Everytime, mientras Guillaume Lillo recibe el José Salcedo al mejor montaje por La Gradiva.

En las secciones paralelas también hay nombres que dejan una señal clara. 9 Temples to Heaven, de Sompot Chidgasornpongse, gana Punto de Encuentro. Promised Spaces, de Ivan Marković, obtiene el Gran Premio Alquimias. En Tiempo de Historia, Alea Jacarandas, de Hassen Ferhani, recibe el máximo reconocimiento.

Una edición marcada por el encuentro

Más allá de las estatuillas, la 71.ª Seminci deja un dato que ayuda a medir su dimensión: más de 120 coloquios y la participación de más del 90 % de los cineastas programados en las secciones oficiales. El festival no se ha limitado a proyectar películas; ha reforzado el contacto directo entre quienes las hacen y quienes las reciben.

Ese aspecto adquiere especial valor en un certamen dedicado al cine de autor. Las películas necesitan espectadores, pero también conversación. Una imagen puede durar segundos; una discusión sobre ella, mucho más. Valladolid ha vuelto a funcionar como ese lugar intermedio donde una película deja de ser únicamente una obra terminada y empieza a formar parte de una conversación colectiva.

El palmarés, visto en conjunto, ofrece una respuesta bastante nítida sobre el tipo de cine que ha encontrado eco en esta edición: obras atentas a la memoria, la identidad, los cuerpos, la comunidad y los conflictos de nuestro tiempo, pero también dispuestas a buscar formas narrativas propias.

La Espiga de Oro para Dao condensa bien esa apuesta. Una boda y un funeral. Francia y Guinea-Bisáu. Ficción y realidad. Quienes se marcharon y quienes permanecieron. Dos celebraciones distintas que terminan dialogando en una misma película.

Y quizá ahí esté la imagen más poderosa que deja Valladolid al cerrar su 71.ª edición: el cine como espacio de reunión. Una sala oscura, muchas vidas al otro lado de la pantalla y una historia capaz de tender un puente donde antes solo parecía haber distancia.

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