¿Puede una ciudad convertirse durante tres días en una página abierta al otro lado del Atlántico? Barcelona lo vuelve a demostrar. Desde hoy, 24 de septiembre, el Lata Fest reúne literatura latinoamericana, memoria, cine, música y conversación cultural en el Raval, con una programación que mira al pasado para interrogar el presente.
La séptima edición del festival se celebra hasta el sábado 26 de septiembre bajo el lema «Memoria en presente: escribir después de la historia». Organizado por la librería Lata Peinada, el encuentro propone un territorio de diálogo entre escritores, periodistas, artistas y lectores, con entrada gratuita.
Para entender mejor por qué la memoria sigue siendo una materia tan fértil para la cultura contemporánea, puede leerse también La memoria no se archiva, se baila, una reflexión publicada en Blanco Sobre Negro que conecta creación, identidad y patrimonio cultural.
Barcelona, una ciudad que escucha otras memorias
Hay ciudades que reciben visitantes. Y hay ciudades que reciben historias. Barcelona pertenece, desde hace décadas, a esa segunda categoría.
El Lata Fest parte precisamente de esa condición de ciudad de acogida para reunir voces latinoamericanas y españolas alrededor de cuestiones que siguen abiertas: dictaduras, violencia, exilio, migraciones, identidades y silencios heredados. La literatura no aparece aquí como un refugio aislado, sino como una herramienta para mirar de frente aquello que todavía necesita palabras.
En ese mapa de memoria encaja especialmente bien la literatura que transforma la experiencia personal en relato colectivo. Entre Secretos, pasiones y luz: María Elizabeth Morales convierte la memoria en literatura ofrece, dentro de Blanco Sobre Negro, otro ejemplo de cómo la creación puede convertir recuerdos, identidad y experiencia en materia artística.
Tres días para cruzar fronteras
El programa arranca este jueves 24 de septiembre con un taller de escritura creativa de Claudia Paredes Guinand. La inauguración llegará después con «Lata, Late y Latin», seguida de un encuentro sobre diáspora, migración y música latina con José Arteaga, vinculado a Gladys Palmera.
El viernes 25, la conversación se adentra en la memoria y el olvido con Cristóbal Peña y Paulina Flores. Más tarde, Alan Pauls y Rodrigo Fresán participarán en «Walsh: Esa otra mujer & Co.», antes de que la jornada cierre con una sesión de DJ Alduken.
El sábado 26 concentra algunas de las propuestas más singulares. A las 13 horas, María O’Donnell y Ángel Mestres conversarán sobre «Montoneros, una historia visual». Por la tarde, Liliana Muñoz, Juan Pablo Villalobos y Laura Fernández abordarán el humor y el poder en la literatura latinoamericana.
La programación se abrirá además al cine con el estreno en España de «La pena máxima», película de Michel Gomez basada en la novela de Santiago Roncagliolo. La proyección contará con un coloquio posterior con el propio escritor. La música volverá a ocupar el espacio con Hija de la Coca.
Cuando la literatura sale de las páginas
Uno de los grandes aciertos conceptuales del festival es que no entiende la literatura como una habitación cerrada. La palabra dialoga con la imagen, el sonido, la gastronomía y la experiencia migratoria.
Ese cruce de disciplinas permite que una conversación sobre un libro pueda terminar hablando de una canción, una película o un plato. Y ahí aparece una idea especialmente poderosa: la cultura latinoamericana no llega a Barcelona como una pieza de museo, sino como una realidad viva, cambiante y capaz de generar nuevas preguntas.
La programación refleja además una diversidad generacional y de géneros literarios que evita una mirada única sobre América Latina. Hay periodistas, novelistas, ensayistas, artistas y creadores que abordan desde distintas perspectivas una misma preocupación: cómo contar lo ocurrido cuando el pasado continúa dejando huellas en el presente.
El Raval como escenario de encuentro
El lugar tampoco es un detalle menor. Lata Peinada, en la calle Verge, 10, sitúa el festival en el Raval, un barrio barcelonés acostumbrado a convivir con lenguas, procedencias y relatos diferentes.
Durante tres jornadas, la librería se transforma en un pequeño laboratorio cultural. Allí, los libros dejan de ser únicamente objetos para convertirse en conversación. El lector escucha al autor, el espectador descubre una película, la música cambia el ritmo de la tarde y la memoria encuentra nuevas formas de expresarse.
El acceso es gratuito y el programa se desarrolla entre el jueves 24 y el sábado 26 de septiembre. Para quienes quieran acercarse, la propuesta ofrece una ventaja poco frecuente: se puede entrar por la literatura y terminar descubriendo todo un ecosistema cultural.
La memoria como territorio de futuro
Quizá ahí esté la verdadera fuerza del Lata Fest. No en mirar atrás por nostalgia, sino en utilizar la memoria como una brújula.
Recordar no significa repetir el pasado. Significa comprenderlo, discutirlo, narrarlo y, en ocasiones, encontrar las palabras que faltaron. La literatura latinoamericana ha convertido muchas veces esa necesidad en una de sus mayores riquezas: escribir para nombrar el exilio, reconstruir identidades, rescatar voces y explorar las heridas que atraviesan generaciones.
Barcelona vuelve así a abrir una puerta al diálogo cultural con América Latina. No como escenario distante, sino como espacio compartido.
Y cuando una librería consigue que durante tres días los libros conversen con el cine, la música, la gastronomía y la memoria, sucede algo hermoso: la cultura deja de ser una vitrina y vuelve a ser encuentro.
Porque algunas ciudades se visitan. Otras, en cambio, se leen.