¿Cuánto espacio necesita una librería para transformar una ciudad? En Santiago de Compostela la respuesta cabe en cuarenta y cinco metros cuadrados, y acaba de recibir el aplauso del gremio entero.
El Premio Librería Cultural 2026 ha viajado hasta Galicia para posarse sobre un local diminuto de la capital compostelana: la librería de la cooperativa NUMAX. La Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Librerías (CEGAL), con el respaldo del Ministerio de Cultura, ha decidido distinguir una manera de trabajar que desmiente la tiranía del metro cuadrado. Aquí no manda la superficie. Manda la mirada.
Conviene subrayarlo en una época de escaparates que caducan cada quince días. Mientras las mesas de novedades giran a un ritmo casi fabril, sobreviven rincones que apuestan por la permanencia, por el volumen de fondo que aguarda paciente a su lector, por la recomendación susurrada al oído. Ese gesto, humilde solo en apariencia, es el que ahora se celebra, igual que otros certámenes (como los premios literarios que han conmovido recientemente a Córdoba) recuerdan que la literatura se sostiene, sobre todo, desde la cercanía.
Cuarenta y cinco metros cuadrados contra la prisa
Hay algo de paradoja en esta historia. La librería ocupa apenas 45 m² de un espacio total de 160 que comparte con el cine homónimo, y sin embargo su influencia desborda esas paredes. Recuerda, salvando las distancias, a aquella Shakespeare and Company que Sylvia Beach abrió en el París de entreguerras: un cuarto modesto convertido en faro para toda una generación.
Libros y cine bajo el mismo techo
Lo singular de NUMAX no es solo su tamaño. Es su respiración compartida. El fondo bibliográfico dialoga con la cartelera y ambos equipos diseñan juntos la programación, de modo que el espectador que sale conmovido de una sesión encuentra, a pocos pasos, la novela o el ensayo que prolonga la película.
Ese tránsito entre lenguajes conecta con el auge de la edición independiente, que ha hallado en espacios como este su mejor caja de resonancia. Porque una librería de autor no se limita a vender ejemplares; los elige, los ordena, los defiende. Ejerce de prescriptora, frente a la rotación acelerada que convierte cada título en un producto de temporada.
«Una librería pequeña no es una librería menor: es una frase bien escrita en un idioma que el mercado ha olvidado».
Un jurado que mira más allá del mostrador
El fallo llega avalado por un tribunal de voces muy diversas. Lo integraron Óscar Porral, vocal de la Junta Directiva de CEGAL y responsable de la Librería Bandini de Bertamiráns; Almudena Amador, de la valenciana Ramon Llull, ganadora de la edición anterior; Raquel Anocibar, de la pamplonesa Chundarata, y Marta Martínez, del madrileño Espacio Dykinson. Junto a ellos se sentaron el periodista Carlos del Amor, Premio Nacional de Periodismo Cultural 2026; Lucía Álvarez, de Astiberri, reconocida con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural 2026; la traductora Alicia Martorell, Premio Esther Benítez 2025; el poeta Mario Obrero, y Sara Sánchez y Mónica Cabello, directora gerente y coordinadora técnica de CEGAL.
¿Qué vieron en esta cooperativa? Su cuidado por la diversidad bibliográfica, una agenda cultural que cruza disciplinas sin complejos y un modelo cooperativo que suma en lugar de competir. Pero el jurado fue más lejos: subrayó que su labor no consiste en acumular actividades en el calendario, sino en articular identidad y territorio. La diferencia es sutil. Y decisiva.
La lengua gallega como columna vertebral
La organización destacó expresamente su bibliodiversidad, tanto en géneros como en lenguas, con una mención especial a su defensa del gallego. No es un detalle menor en la tierra de Rosalía de Castro, cuyos Cantares gallegos devolvieron en 1863 la dignidad literaria a un idioma relegado al ámbito doméstico. Más de siglo y medio después, cada estante dedicado a autores en gallego prolonga aquel Rexurdimento con la discreción de quien no necesita proclamas.
Este galardón, que se concede desde 1999, premia precisamente eso: el trabajo constante de las librerías que dinamizan la vida cultural y difunden el libro y la lectura, ya sea entre sus estanterías o mucho más allá de su puerta.
La voz de las libreras
Detrás del mostrador están Mariña de Toro, María Villamarín y Olaia Tubío. Las tres reconocen que el premio les insufla energía, entusiasmo y ganas renovadas de seguir construyendo una programación pensada para su público. Lo describen como un respiro en mitad de un horizonte incierto, un pequeño empujón para afrontar las fragilidades de un oficio que nunca ha sido fácil.
Su agradecimiento a CEGAL y al jurado va acompañado de una declaración de principios: bibliodiversidad, pensamiento crítico, economía social y compromiso con la lengua y la cultura gallegas. Cuatro pilares que, dichos así, parecen un programa político. Vistos de cerca, son simplemente la rutina diaria de una librería que se toma en serio su papel.
Resistir también es una forma de leer
Se habla mucho de la crisis del libro, de la competencia digital, de la lectura fragmentada. Menos se habla de quienes, cada mañana, suben la persiana y deciden qué título merece estar a la altura de los ojos. Esa decisión, repetida miles de veces, configura el paisaje lector de una ciudad entera.
NUMAX demuestra que la resistencia cultural no siempre levanta la voz. A veces basta con apagar las luces de una sala y, a la salida, ofrecer un libro. Blanco sobre negro en la pantalla; negro sobre blanco en la página. Entre ambos, Santiago ha encontrado un lugar donde las historias no terminan cuando se encienden las luces.
