Johan Tobias Sergel
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Johan Tobias Sergel, el genio olvidado que seduce Nueva York

  • La Morgan Library & Museum dedica al escultor neoclásico sueco su primera muestra fuera de Europa, hasta enero de 2027

¿Cuánto tarda la fama en convertirse en olvido? En el caso de Johan Tobias Sergel, apenas unas generaciones. Hubo un tiempo en que Europa lo contemplaba con asombro y algunos se atrevían a llamarlo el mejor escultor desde la Antigüedad. Hoy su nombre apenas cruza las fronteras de Suecia. Nueva York se propone corregir ese descuido.

El próximo 30 de octubre, la Morgan Library & Museum abre sus salas a Fantasy and Reality: The Art of Johan Tobias Sergel, la primera gran exposición consagrada al artista fuera del continente europeo. El proyecto lleva la firma del Nationalmuseum de Estocolmo, que ha trasladado a Manhattan una versión más concentrada de la muestra que ocupó sus propias galerías durante la primavera y el verano. Este desembarco recuerda, salvando las distancias, el interés creciente de las instituciones norteamericanas por miradas llegadas desde el otro lado del Atlántico, como ya contamos al hablar de la presencia de creadores españoles en salas de Estados Unidos.

Del aplauso europeo al silencio

Sergel figura entre los nombres capitales del arte sueco y fue una de las voces más altas del neoclasicismo europeo, el movimiento que volvió los ojos hacia Grecia y Roma en busca de una belleza serena, depurada, casi moral. Lo celebraron en vida. Lo admiraron cortes y academias. Y después, sin escándalo ni caída, fue desapareciendo del gran relato de la historia del arte europeo, ese que tantas veces deja en los márgenes a quienes trabajaron lejos de los grandes centros.

La historia del arte está llena de estos eclipses. Basta recordar otros nombres rescatados del silencio, como la pintora boloñesa Lavinia Fontana, cuya obra ha vuelto a ocupar el lugar que merecía tras décadas de penumbra. Sergel pertenece a esa misma estirpe de artistas que no fueron derrotados por la crítica, sino por algo más difícil de combatir: el desinterés.

La Morgan no se limita a exhibir esculturas. Su apuesta es presentar a una nueva generación de visitantes a un creador del que apenas saben nada.

Mármol, barro y bronce: el taller de Sergel en Nueva York

La selección reúne un conjunto notable de piezas en terracota, mármol, bronce y yeso. Cuatro materiales, cuatro temperaturas distintas de la creación. El barro guarda la huella del gesto rápido; el mármol, la paciencia del cincel; el bronce y el yeso, la voluntad de fijar y multiplicar la forma.

El Fauno, de la idea a la piedra

Entre todas las obras sobresale El Fauno, la primera escultura importante en mármol de Sergel. La muestra no la presenta aislada, como un trofeo, sino acompañada de sus dibujos preparatorios, del modelo en arcilla y de un bronce emparentado con ella. Es casi una lección de anatomía del proceso creativo: el visitante puede seguir paso a paso cómo una intuición trazada sobre papel termina convertida en volumen definitivo. Pocas veces se ofrece una oportunidad así.

Cupido y Psique en terracota

Junto a los dibujos aparecen varios modelos en terracota, entre ellos dos versiones de Cupido y Psique. El mito del amor que se pierde por exceso de curiosidad y se recupera tras la prueba encaja bien con la sensibilidad neoclásica, que encontró en las fábulas antiguas un espejo para las pasiones modernas. Ver dos variantes del mismo tema permite asomarse a las dudas del escultor. Y las dudas, en arte, dicen tanto como las certezas.

El dibujante que se miraba al espejo

Si el mármol dio a Sergel la gloria, el dibujo revela su intimidad. La exposición dedica un capítulo destacado a su faceta de dibujante a través de una serie de autorretratos, esas confesiones a lápiz donde el artista se observa sin la máscara de la posteridad.

Gustavo III, Anna Rella Hellström y los amigos del taller

Otros dibujos iluminan las relaciones que marcaron su vida. Están sus amistades artísticas. Está su vínculo con el rey Gustavo III y con la corte de Estocolmo, un mecenazgo que convirtió al escultor en figura central de la vida cultural sueca. Y está, quizá lo más conmovedor, su existencia doméstica junto a Anna Rella Hellström, su compañera sin papeles de matrimonio. El genio público y el hombre privado comparten así las mismas paredes, en un juego de contrastes que tiene algo de blanco sobre negro: la luz de la corte frente a la penumbra del hogar.

Un círculo de contemporáneos

Para entender a Sergel hay que entender su época, y la muestra lo sabe. A lo largo del recorrido, piezas de amigos y coetáneos como Henry Fuseli, Jacob Philipp Hackert, Esprit Antoine Gibelin, François-André Vincent, George Romney o Julien de Parme dibujan el paisaje de los círculos artísticos en los que el sueco se movió. Voces distintas que hablaban el mismo idioma clásico, cada una con su acento.

Fechas y datos de la exposición

Fantasy and Reality: The Art of Johan Tobias Sergel podrá visitarse en la Morgan Library & Museum de Nueva York desde el 30 de octubre de 2026 hasta el 31 de enero de 2027. La organización corre a cargo del Nationalmuseum de Suecia, en colaboración con la propia institución neoyorquina.

Tres meses para devolver a un escultor el lugar que la memoria le arrebató. Quizá no basten para reescribir los manuales. Pero bastan para algo más modesto y más valioso: que alguien, frente a un fauno de mármol, se pregunte por qué nunca había oído ese nombre. Y que ya no lo olvide.

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