Kakeru: Koreeda y la tentación de resucitar a los que amamos
¿Puede una máquina ocupar el hueco que deja un hijo? La pregunta, que parecía reservada a la ciencia ficción más fría, llega ahora envuelta en la ternura de uno de los grandes cronistas de la familia contemporánea. Kakeru, la nueva película de Hirokazu Koreeda, competirá en la Sección Oficial Fantàstic Competición de la 59.ª edición del Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges, antes de su estreno en cines españoles el 16 de octubre de la mano de Vértigo Films.
No deja de ser una paradoja fascinante. El cineasta que mejor ha retratado los lazos invisibles de los hogares japoneses se asoma por primera vez a un territorio próximo al género fantástico, en un momento en que el debate sobre cómo nos afecta la inteligencia artificial en la vida cotidiana ha dejado de ser una conversación de especialistas.
Un autor de silencios
Koreeda regresa con un aval que pocos cineastas pueden exhibir. Suya es Un asunto de familia, Palma de Oro en Cannes y nominada al Oscar a la Mejor película de habla no inglesa. Suya también De tal padre, tal hijo, Premio del Jurado en Cannes y Premio del Público en San Sebastián. Y suya Monstruo, que obtuvo en Cannes el premio al Mejor Guion.
Tres títulos que comparten una misma obsesión: qué significa pertenecer a alguien, cómo se construye una familia y qué queda de ella cuando algo se rompe. Koreeda filma esas preguntas sin aspavientos, con planos que respiran y personajes que se dicen más con lo que callan que con lo que confiesan.
Del drama doméstico a la ciencia ficción
Que su nuevo trabajo haya encontrado acomodo en Sitges, templo europeo del cine fantástico, dice mucho de la ambición del proyecto. En un festival que ha sabido acoger desde el terror más visceral hasta los iconos del cine fantástico que siguen convocando a nuevas generaciones, Kakeru representa otra forma de entender el género: la del fantástico íntimo, donde lo extraordinario sirve para iluminar lo más humano.
La película vuelve a los temas de siempre, la familia, los vínculos afectivos, el duelo y la pérdida, pero los interroga desde un ángulo inédito en su filmografía. Por primera vez, el director pone el foco en la tecnología y en su capacidad, real o ilusoria, para ayudarnos a sobrellevar la ausencia de un ser querido.
«¿Puede la tecnología devolvernos a quienes amamos? Koreeda no responde: nos obliga a mirar de frente la pregunta»
Un hijo hecho a imagen de otro
La sinopsis sitúa la acción en un futuro cercano. Una pareja, devastada por la muerte de su hijo, acepta acoger en su casa a un niño humanoide creado a su imagen mediante inteligencia artificial.
Lo que nace como un intento desesperado de aliviar el dolor se transforma poco a poco en una nueva vida familiar. Una convivencia tan luminosa como inquietante, que late con esa ambigüedad moral que el cineasta japonés maneja como pocos.
Ecos de una tradición
La premisa invita a pensar en otros relatos que han explorado la frontera entre lo humano y lo artificial, del mito de Pigmalión a Frankenstein, pasando por tantas ficciones que han imaginado criaturas nacidas para llenar un vacío. Pero la mirada de Koreeda promete apartarse del espectáculo para instalarse en la cocina, en el dormitorio, en los pequeños gestos cotidianos donde el duelo se vuelve más difícil de disimular.
Ahí reside quizá la verdadera novedad: no se trata tanto de preguntarse si una máquina puede sentir, sino de observar qué sienten los vivos ante una presencia que les recuerda, a cada instante, lo que han perdido.
Una cita en Sitges y en las salas
El paso por Sitges servirá de antesala al estreno comercial en España. Vértigo Films llevará la película a los cines el 16 de octubre, una fecha que coloca a Kakeru en plena temporada de otoño, tiempo propicio para historias que invitan a la introspección.
Para los seguidores del director, será la oportunidad de comprobar cómo un autor tan reconocible adapta su sensibilidad a un marco nuevo. Para quienes se acerquen por primera vez a su cine, una puerta de entrada inesperada a una de las filmografías más humanas del panorama actual.
El duelo no tiene algoritmo
Hay películas que imaginan el futuro para asustarnos y otras que lo imaginan para entendernos mejor. Todo apunta a que Kakeru pertenece a las segundas. Koreeda no parece interesado en la máquina, sino en el agujero que pretende tapar. Y en ese hueco, tan antiguo como la humanidad, resuena una verdad incómoda: ninguna tecnología, por perfecta que sea, sabe todavía cómo se despide a un hijo.