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Protagonistas de Verborrea Foto Carlos Luque
Verborrea. Nave 10 Matadero. Fotografía Carlos Luque
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Verborrea de Pablo Remón: el explosivo mito de un grupo punk

  • Cámara, Elejalde, Nieto y Tomé reconstruyen en Nave 10 Matadero el auge y la caída de una banda punk

¿Qué queda de una banda cuando se apagan los amplificadores? Recuerdos que no encajan, versiones que se contradicen y una leyenda que crece sola. De esa materia inestable está hecha Verborrea de Pablo Remón, la nueva obra escrita y dirigida por el Premio Nacional de Literatura Dramática 2021. Se estrena en la Sala Max Aub de Nave 10 Matadero y podrá verse del 1 de octubre al 1 de noviembre.

La pieza, una producción de Nave 10 Matadero y Buxman Producciones, reconstruye el ascenso y la caída de un grupo punk de finales de los ochenta y comienzos de los noventa. Es un territorio sonoro y generacional que evoca aquella efervescencia de guitarras que todavía resuena en conciertos como el que reunió a Miss Caffeina, Nena Daconte y Merino, pero que aquí se convierte en materia teatral.

Cartel Verborrea
Cartel Verborrea. Nave 10 Matadero.

Dos hermanos a la sombra del Valle de los Caídos

El relato parte de un paisaje insólito. Sus protagonistas son dos hermanos, hijos de un funcionario franquista, que crecieron en un poblado levantado en pleno Valle de los Caídos para alojar a los empleados de Patrimonio. Pocas infancias pueden resultar tan cargadas de símbolos: crecer junto a un monumento de piedra y, años después, dedicarse a gritar contra todo lo establecido.

A partir de monólogos y voces que se cruzan, la obra recompone la biografía de ambos y, con ella, la de una época. Resulta difícil no detenerse en el nombre del cantante, Segismundo, que convoca inevitablemente al príncipe encadenado de La vida es sueño, aquel hijo que se rebela contra el padre que lo encerró. Calderón y el punk, separados por siglos, comparten aquí una misma pregunta sobre la libertad y la herencia. Es una apuesta de autor que confirma la vitalidad de la cartelera madrileña, esa que ya asomaba en el estreno madrileño de Goteras.

Una cinta de casete con cara A y cara B

Remón ha dado a su obra la forma de una vieja casete. En la cara A, Kike, hermano mayor y mánager del grupo, rememora la infancia de Segis, el cantante: un chaval indómito que se alza contra su padre y contra cualquier estructura de poder. En la cara B son los miembros de la banda quienes narran el esplendor y el derrumbe de Verborrea y de su vocalista, transformado ya en el mito de Segismundo Tóxico.

El resultado es un relato oral, tejido con memorias que se completan y se desmienten, muy próximo al lenguaje del documental musical. Quien haya visto cualquiera de esos filmes sobre bandas legendarias reconocerá el mecanismo: la verdad nunca está en una sola voz, sino en el espacio que queda entre todas.

El regreso de un reparto cómplice

Verborrea supone además un reencuentro. Javier Cámara, Israel Elejalde, Marta Nieto y Emilio Tomé vuelven a trabajar con Remón casi tres años después de Vania x Vania. El director recuerda aquella experiencia como un viaje muy especial y celebra haber vuelto a reunirse en un proyecto tan diferente.

No es un detalle menor. Remón confiesa que suele escribir pensando en intérpretes concretos, de modo que sus voces y su energía están presentes desde la primera línea. En sus palabras, tiene "el privilegio de escribir casi siempre para unos actores y actrices concretos". Esa escritura a medida explica buena parte de la química que sus montajes transmiten.

Cuatro intérpretes, seis vidas

Javier Cámara encarna a Kike, el hermano mayor, responsable de mostrar ante el público la cara amable de la banda. Israel Elejalde da vida a Segis, el rebelde convertido en mito, el personaje que mejor condensa la tensión entre rebeldía, contestación, autodestrucción y herencia.

Marta Nieto es Lola Metralla, bajista y única mujer del grupo, cuya mirada honda y tierna sostiene gran parte de la cara B. Emilio Tomé, por su parte, afronta un doble desafío: interpretar a Teodoro, el padre opresor de los protagonistas, y a Johnny Casetes, el batería y amigo de infancia de los hermanos. Que el mismo actor encarne al padre autoritario y a uno de los compañeros de rebeldía no parece una simple solución de reparto, sino un comentario sutil sobre las raíces de toda insurrección.

Menos es más: la palabra como escenario

Remón define su puesta en escena como "bastante esencial y minimalista". Los cuatro actores permanecen en escena durante toda la función, y el peso recae en la palabra y el sonido. La intención es clara: devolver al espectador la tarea de imaginar, como ocurría al escuchar una cinta en la oscuridad de un dormitorio adolescente.

Completan el equipo artístico Monica Boromello en la escenografía, David Picazo en la iluminación, Ana López Cóbos en el diseño de vestuario y Sandra Vicente en el espacio sonoro, un elemento que en esta propuesta adquiere categoría de protagonista.

El eco que no se apaga

Hay bandas que duran lo que tarda en gastarse una cinta y, sin embargo, siguen sonando décadas después en la memoria de quienes las escucharon. Verborrea parece preguntarse precisamente eso: por qué algunos mitos sobreviven a sus protagonistas y qué parte de nosotros heredamos, aunque juremos rebelarnos contra ella. Como en toda buena casete, cuando termina la cara B uno siente la tentación de darle la vuelta y volver a empezar.

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