Sevilla ha decidido apagar los focos antes incluso de encenderlos. El Festival de Cine de Sevilla, que celebra su 23ª edición entre el 6 y el 14 de noviembre, ha cancelado la gala con la que pensaba levantar el telón este viernes 6 de noviembre. La razón cabe en una sola palabra: respeto. Respeto hacia las víctimas del accidente ferroviario de Urda (Toledo), hacia sus familias y hacia todas las personas a las que esta tragedia ha alcanzado de lleno.
La decisión la ha tomado el Ayuntamiento de Sevilla, que organiza la cita a través de su Área de Turismo y Cultura. Y no es un gesto menor.
Quien haya seguido de cerca la trayectoria del certamen sevillano sabe lo que significa una noche inaugural: expectación en la puerta, reencuentros entre profesionales, el primer aplauso de un otoño que la ciudad vive con alma cinéfila. Renunciar a ese momento, justo el más luminoso del calendario, dice mucho de cómo entiende la cultura su papel cuando el país atraviesa días oscuros.
Un silencio que también es mensaje
Hay noches en las que el mejor discurso es no pronunciar ninguno.
Con esta renuncia, el certamen se une a las muestras de duelo que se han ido sucediendo en toda España tras un suceso que ha dejado al país conmocionado. No hay comunicados grandilocuentes ni golpes de efecto. Solo una butaca vacía donde iba a haber celebración, y la certeza de que el cine, a veces, también sabe callar.
«Suspender una fiesta no es detener el festival: es recordar que detrás de cada pantalla hay personas.»
Ese matiz importa. Porque la cancelación afecta únicamente a la gala de apertura, es decir, al acto protocolario y festivo. Lo demás, lo esencial —las películas, los encuentros profesionales y también los Giraldillos de Honor que concede el festival—, sigue adelante.
La programación se mantiene del 6 al 14 de noviembre
El público puede respirar tranquilo. Las proyecciones previstas conservan sus fechas y horarios, y lo mismo ocurre con el conjunto de actividades paralelas y con los encuentros profesionales que cada año convierten Sevilla en punto de reunión del sector audiovisual europeo.
Nueve días de cine, intactos. Y con ellos, el pulso de un certamen que cada otoño reivindica la sala oscura como lugar de encuentro.
Proyecciones, encuentros y actividades, sin cambios
La organización ha querido dejarlo claro desde el primer momento: el calendario no se mueve. Las salas abrirán sus puertas tal y como estaba previsto, y quienes ya tengan planificadas sus sesiones no tendrán que rehacer la agenda.
Es, en cierto modo, la mejor forma de honrar la memoria de quienes ya no están. Seguir. Con sobriedad, sin estridencias, pero seguir.
Agnieszka Holland recogerá su Giraldillo de Honor en el Cine Cervantes
Uno de los momentos más esperados de la velada inaugural era la entrega del Giraldillo de Honor a la cineasta polaca Agnieszka Holland. Con la gala suspendida, la pregunta era inevitable: ¿qué pasaría con el homenaje?
La respuesta llega con fecha, hora y lugar. El reconocimiento se celebrará el mismo viernes 6 de noviembre, a las 20:30 horas, en el Cine Cervantes. Cambia el escenario; no cambia el fondo.
Una cita a las 20:30 con 'I Rarely Wake Up Dreaming'
El tributo a Holland coincidirá con la proyección de 'I Rarely Wake Up Dreaming', película dirigida por Isabelle Stever. Una combinación que tiene algo de simbólico: el aplauso a una directora consagrada compartirá sala con la obra de otra cineasta europea.
Así, el homenaje pierde el brillo de la gran gala, pero gana otra cosa, quizá más valiosa. Recogimiento. Cercanía. Un patio de butacas donde lo que manda es la película, y no el protocolo.
Para muchos espectadores, ese encuentro será la verdadera inauguración de esta edición. Más íntima, sí. También más honesta con el momento que vive el país.
Cuando el cine elige la empatía
Cuesta imaginar un festival que no arranque con música, discursos y focos. Este año, Sevilla ha demostrado que se puede empezar de otra manera. Con una pausa. Con un gesto pequeño en apariencia y enorme en significado.
Porque la cultura no vive al margen de lo que sucede fuera de las salas. Se alimenta de ello, lo cuenta, lo transforma en historias que luego vemos proyectadas en una pantalla. Y cuando la realidad golpea con esta dureza, detenerse un instante no es una debilidad: es una forma de estar a la altura.
La 23ª edición del festival comenzará sin fiesta, pero con las puertas abiertas. Las películas llegarán a su cita, los profesionales se sentarán a conversar y el público volverá a hacer cola frente a las taquillas.
Quizá esta vez, al apagarse las luces de la primera sesión, el silencio previo a la proyección dure un segundo más de lo habitual. Y quizá ese segundo, compartido entre desconocidos en la oscuridad, sea el homenaje más sincero que el cine puede ofrecer.
